El Grupo enfrenta en los próximos cinco años una decisión estructural sobre cómo incorpora robots asistentes en sus cocinas. El otro grupo, nuestro competidor directo en el segmento premium de Latinoamérica, ya inició su movimiento en esta dirección. La pregunta no es si nosotros nos moveremos también, sino cómo lo haremos: qué partes del oficio dejamos que estas máquinas asuman, cuáles defendemos como territorio humano por razones de diferenciación —no de nostalgia—, y cómo rediseñamos nuestras brigadas para que los cocineros crezcan a través de estas herramientas en lugar de quedar reducidos a supervisores de ellas.

maxresdefault.jpg

blog-How-to-Set-Up-Your-Board-of-Directors-1200-×-628-px.png

Esa decisión se está tomando hoy en la mesa estratégica de los martes. En esa mesa no hay actualmente una voz que aporte criterio de cocina con la profundidad que requiere el problema. Las direcciones financiera, comercial y de operaciones están leyendo el movimiento desde sus propios marcos —legítimos pero insuficientes para esta conversación específica—. Sin una voz que entienda qué se gana y qué se pierde dentro del oficio mismo cuando se incorporan estas máquinas, el Grupo corre el riesgo de tomar la decisión correcta sobre el qué y la decisión equivocada sobre el cómo. Y en gastronomía, el cómo es lo que diferencia un restaurante de una cocina industrial.

El Director General me ha invitado a integrarme a esa mesa. La invitación es clara en su propósito y exigente en su condición operativa: la mesa se reúne los martes, día crítico de servicio en mi restaurante. No puedo estar simultáneamente en ambos lugares. Mi presencia en la mesa estratégica requiere que el servicio del martes opere sin mi intervención directa, sosteniendo los estándares de calidad que el Grupo ha construido durante años.

Este plan responde a esa condición. No es un plan de delegación táctica —no se trata de repartir tareas para liberar mi agenda—.

Es un plan de adopción de una capacidad nueva en mí y en mi brigada: la capacidad de operar como un sistema de liderazgo habilitador, donde mi rol pasa de ser el ejecutor central a ser quien sostiene las condiciones para que otros ejecuten con criterio propio.

Esta capacidad no la tengo desarrollada hoy en el grado que la situación requiere, y mi brigada tampoco está estructurada para ejercerla. Ambas cosas son trabajo de los próximos meses.

El propósito del plan, en términos concretos, es triple.

No hacer este plan, o hacerlo superficialmente, tiene un costo concreto: el Grupo tomará decisiones sobre su futuro gastronómico sin la voz que más necesita en ese momento, y mi restaurante seguirá operando con un punto único de falla en la persona del chef ejecutivo —yo—. Ambas cosas son evitables. Este documento propone cómo evitarlas.