¿Qué es un pterigium? ¿Por qué en esos casos parece que la conjuntiva invade la córnea? ¿Cómo se trata y qué podemos hacer para evitarlo? Hoy te lo cuento.

Ocularis, el podcast de salud visual con el oftalmólogo Rubén Pascual.

Bienvenido al episodio de octubre de 2026. Comenzamos.

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Hola y bienvenido al podcast de Ocularis sobre salud visual y oftalmología. Soy Rubén Pascual, oftalmólogo y divulgador a través de este podcast y del blog ocularis.es. Este es el episodio décimo de la décima temporada, correspondiente al mes de octubre de 2026. Y en la sección principal de hoy vamos a hablar del pterigium, o también llamado "pterigión", si lo queremos españolizar. Es una denominación latina, pero recibe muchos nombres dependiendo del lugar. Como es una enfermedad muy frecuente, ha desarrollado muchas denominaciones locales. Por ejemplo, en algunos lugares de España se ha llamado "palmera ocular". Esta lesión benigna de la superficie ocular, que afecta sobre todo a la córnea, es hasta cierto punto bien conocida por el acervo popular. Sin embargo, no es como la catarata o la miopía, que más o menos son conocidas y hasta cierto punto identificadas.

Muchas veces esta lesión, este crecimiento de tejido, no se identifica o no se le coge un nombre; no se identifica fácilmente, incluso aunque he dicho que tiene denominaciones populares y locales. Muchas veces los pacientes llegan a la consulta preguntando por ese "algo" que les ha crecido en el ojo sin identificarlo muy bien. Como digo, es una enfermedad muy frecuente y iba siendo hora que le dedicáramos un episodio para hablar de ello en profundidad. Pero antes, en la sección de noticias, vamos a hablar de una investigación curiosa que plantea tratar una de las enfermedades más importantes y frecuentes de la retina con oro, inyectando oro en nuestro ojo.

Y finalmente, en la sección de preguntas de los oyentes, vamos a hablar de un tratamiento novedoso y relativamente infrecuente, porque ha llegado poco a la clínica habitual, a la práctica general, que es tratar las córneas que tienen una alteración de su morfología, de su curvatura. Concretamente, de una enfermedad llamada queratocono, de la que ya hemos hablado, y tratarlas con unos implantes, unos injertos biológicos, tejidos, fragmentos de córneas de donante que se injertan en la córnea del paciente para cambiar la curvatura.

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La noticia de hoy que vamos a comentar ahora no la he buscado yo ni me ha llegado por los oyentes por el circuito habitual, que suele ser por el grupo de Telegram o por correo electrónico; sino que me ha llegado por Mastodon, por esta red social. Digamos que ha sido fuera del circuito habitual. Agradezco a Roberto que me haya mandado el enlace de esta noticia porque es interesante y es curioso. No digo que vaya a ser la solución definitiva ni el tratamiento definitivo de las enfermedades a las que se está aplicando esta investigación, pero es muy interesante. Consiste en introducir nanopartículas de oro en la retina, en unas células concretas de la retina, para tratar unas enfermedades. Dejaré en las notas del programa el enlace a la fuente original, por si alguien lo quiere leer, pero aquí haré un resumen. Vamos a repasar un poquito lo que es la retina: es la capa más interna del ojo, en la parte posterior del globo ocular, donde se proyecta la imagen y la retina convierte la señal luminosa en señales biológicas, en impulsos electroquímicos que viajan por el nervio óptico hasta nuestro cerebro. Sería como los sensores en una cámara artificial, y ahora explicaré que, aparte de simplemente registrar como sensores, tiene otras funciones.

Pero para que nos entendamos, lo que hace es convertir esa imagen proyectada en el fondo del ojo en información biológica. La retina, por tanto, tiene lo que se llama fotorreceptores, células especializadas en hacer esa transducción: convertir luz, fotones, rayos luminosos, en señales biológicas. Estos fotorreceptores son los conos y los bastones. Pero la retina tiene más células. Están lo que podríamos llamar neuronas intermedias, que sobre todo son las neuronas bipolares, pero también existen neuronas horizontales y de otro tipo, que lo que hacen es conectar los fotorreceptores con el paso final que se produce en la retina. Digamos que están en medio. Pero no solo son meros transmisores; no es como un cable intermedio que simplemente pasa la información y ya está, sino que modulan la información en este paso intermedio. Luego explicaré un poquito más qué ocurre en este paso intermedio. Y finalmente, estas células bipolares, por una parte conectan con los fotorreceptores y por el otro extremo conectan con las células ganglionares. Este es el tercer y último paso que ocurre en la retina. Las células ganglionares reciben información que ha llegado desde los fotorreceptores a través de las células bipolares y el axón, la fibra nerviosa que sale de esta célula ganglionar, es muy largo y sale por el nervio óptico.

Es decir, las células ganglionares forman el nervio del ojo. Por lo tanto, cuando damos el impulso eléctrico, electroquímico, a la célula ganglionar, esta célula ganglionar transporta esta información a través de su axón hasta el cerebro. Esta sería la anatomía, la estructura o el funcionamiento básico de la retina, muy simplificado. Y existen, como todos sabemos, enfermedades de la retina. Existen enfermedades globales que afectan a muchas capas de la retina, pero también hay enfermedades concretas que afectan a categorías, a jerarquías concretas de estas células.

Concretamente, existen enfermedades, muy frecuentes por cierto, las cuales afectan a los fotorreceptores. Los fotorreceptores normalmente a unas células asistentes, que están por el otro lado, que se llaman epitelio pigmentario. Pero no se afectan el resto de neuronas, el resto de células que he explicado ahora: las células ganglionares, las células bipolares, las células horizontales. No se afectan en algunas enfermedades porque son específicas de los fotorreceptores. Por ejemplo, la degeneración macular asociada a la edad, enfermedad que he hablado muchísimo en este podcast porque es súper frecuente, afecta a los fotorreceptores de la mácula, concretamente en el centro de la mácula, sobre todo conos. Entonces los conos se deterioran y mueren, pero el resto de neuronas que estaban conectadas a estos conos que están muriendo no están afectadas. Es decir, perdemos visión porque los conos no funcionan, pero el resto de la circuitería está intacta, con lo cual si consiguiéramos que esas células recibieran información de otra manera, podríamos volver a ver.

Entonces, una enfermedad es esta DMAE, la degeneración macular asociada a la edad, que afecta a la mácula, a los fotorreceptores de la mácula. Y otra enfermedad no tan frecuente como la DMAE, pero también muy frecuente, relativamente frecuente, es la llamada retinosis pigmentaria, que tiene como característica principal que no afecta solo a la mácula. De hecho, comienza afectando más a la retina periférica, es decir, afecta más a los bastones que a los conos inicialmente, y afecta también a gente más joven. No es una enfermedad típica de la edad, sino que puede aparecer en personas jóvenes, en mediana edad; es una enfermedad genética. Hay más enfermedades que afectan específicamente a los fotorreceptores, pero estas dos quizás son las más frecuentes, las más sobresalientes. ¿Cómo podríamos solucionar esta enfermedad? Bueno, nos gustaría que las células que quedan en la retina pudieran ser sensibles a la luz para que ellas reaccionen a la luz y puedan transmitir la información visual. Pero, ¿qué pasa? Que solo los fotorreceptores pueden hacerlo.

Los fotorreceptores tienen en su interior; los conos y los bastones tienen en su interior unas moléculas que se llaman "opsinas" que reaccionan a la luz. Es decir, cuando atraviesa un fotón o un rayo de luz un fotorreceptor, puede chocar contra una de estas opsinas y, cuando un número crítico de estas opsinas son estimulados por la luz, produce una despolarización, una activación de esa célula. ¿Cuál es entonces la estrategia? Porque cuando la luz pasa por una célula ganglionar o una célula bipolar, esta no reacciona a la luz porque no tiene opsinas.

Bueno, pues lo que se hace en esta investigación, en este estudio, es inyectar nanopartículas de oro. Hacemos una inyección intravítrea, una inyección donde dejamos el material, pues aquí una solución con moléculas y nanopartículas de oro, en el gel vítreo. Y por difusión simple estas nanopartículas llegan hasta las células que nos interesa y se introducen en estas células y se quedan acumuladas dentro de células ganglionares, bipolares, etc. Este oro no convierte a estas células sensibles a la luz visible como si lo hicieran los fotorreceptores, pero sí las hacen sensibles a la luz infrarroja, de tal forma que si proyectamos un láser infrarrojo al fondo del ojo, estas células que han acumulado oro en su interior, el oro reacciona contra la radiación láser y se calienta.

Y cuando se calientan estas moléculas en el interior de estas células, este calor hace que estas células se despolaricen, se activen, se produzca este cambio de potencial electroquímico entre el exterior y el interior, que es lo que llamamos impulso nervioso. O sea, estamos activando el impulso nervioso, la transmisión nerviosa en estas células, en estas neuronas, no por la vía natural, a través de una sinapsis con los fotorreceptores, porque los fotorreceptores están enfermos y no funcionan, sino creando calor en su interior porque un láser infrarrojo ha producido esta activación.

Y esta forma extraña de activar la información visual permitiría recuperar hasta cierto punto algo de visión a algunos de estos enfermos. ¿Qué ventajas tiene esta técnica? Es una solución muy creativa, muy interesante para recuperar eso. Una parte de la visión tiene, como digo, ventajas con respecto a las estrategias existentes. ¿Qué es lo que se puede hacer ahora? También es investigación, tampoco ha llegado a la clínica, pero es el tratamiento que se está investigando y desarrollando: injertos de placas. Se ponen una especie de circuito, placa artificial, en la retina, que sustituye a estos fotorreceptores. Se pone esa placa detrás de la retina, entre la retina y la coroides, y esa placa tiene unos sensores de luz, unos sensores artificiales, que harían las veces de fotorreceptores. Y entonces salen unos electrodos que se más o menos conectan de forma burda; no hay realmente conexión uno a uno, ni hay una conexión parecida a la sinapsis, pero de alguna manera esos electrodos insertados en el resto de la retina más o menos funcionan.

Pero claro, el hecho de injertar este tipo de circuitos en placas implica una cirugía muy compleja, muy arriesgada, da muy poco campo visual porque es una placa pequeñita que colocamos en el centro, con lo cual damos algo de visión en el centro, pero no curamos si la enfermedad afecta fuera de ese centro de la retina. Sin embargo, este nuevo tratamiento con oro, con nanopartículas de oro, tiene mucho menos riesgo porque es una inyección intraocular que es mucho menos arriesgada que esa cirugía de la retina y le da más campo visual. Pensando, por ejemplo, en la retinosis pigmentaria, que es una enfermedad que afecta mucho al campo visual y luego también al centro, la estrategia de colocar un circuito artificial no es una buena solución para un problema que afecta tanto al campo visual.

Además, si comparamos con la otra estrategia, que es puentear todo el ojo, poner una cámara artificial y ponerle electrodos directamente en el cerebro, esta estrategia del oro produce mucha menos destrucción, es mucho menos invasiva, no metemos electrodos en el cerebro, y estamos utilizando más el sistema visual natural. No estamos puentear todo el ojo y todo el sistema visual que va desde el ojo hasta el cerebro, sino que lo estamos aprovechando. Pero tenemos que hablar también de las desventajas, claro. Esta solución puede dar un resto visual con personas con muy baja visión, pero no es una solución que vaya a escalar muy bien. Escalar en el sentido de que, aunque sigamos investigando y perfeccionando la técnica, no vamos a mejorar la agudeza visual, el resto de visión que se ofrece ahora. ¿Por qué? Hay una complejidad inherente al usar este sistema porque estas personas no pueden ver la luz natural, el rango de luz visible. Necesitan una cámara delante del ojo que tiene que proyectar un láser infrarrojo en la retina. O sea, técnicamente es muy complejo. Simplemente hacemos la inyección en el ojo y el paciente ve directamente. No, tiene que tener una cámara especial con una proyección de láser de una luz invisible infrarroja.

Además, el oro, las partículas de oro, no es el equivalente a las opsinas, que son las moléculas naturales que estimulan los fotorreceptores. La forma natural de estimular con opsinas es a través de reacciones biológicas; sin embargo, con el oro se produce un calentamiento. Los estudios que tenemos son muy preliminares. Esta forma de calentar repetidamente a estas células para producir la muerte celular, con lo cual en unos meses estamos matando esas células que estamos activando de una forma diferente a la natural. Pero quizá el problema más importante es la calidad de imagen.