¡Hola! Yo soy Rubén y esto es El parche de Odín, el podcast personal de un oftalmólogo entre Suecia y España. Este es el episodio 282 y se titula «El declive va tomando forma». ¿El declive de qué? Voy a empezar poniendo el ejemplo, el titular o la descripción corta de la noticia que cogí hace relativamente poco tiempo; la vamos a comentar y así veremos a qué me refiero con «declive». La noticia decía más o menos lo siguiente: «El hospital de Elx es uno de los ocho hospitales del Instituto Catalán de la Salud que trabaja con un nuevo modelo de organización del circuito asistencial en el que las enfermeras atienden directamente problemas urgentes de baja complejidad que llegan a urgencias».

Cuando leí esta noticia y este titular, me recordó a un par de anécdotas: una de Suecia, de hace ya unos años (que creo que ya comenté en este podcast), y otra de hace relativamente poco aquí en España. La anécdota sueca tiene que ver con mi mujer. Resulta que llevamos unos meses trabajando y viviendo allí, en Gotemburgo, esta ciudad de Suecia a la que nos mudamos en 2020. Es una ciudad grande, la segunda más grande del país después de Estocolmo. Ella tuvo un cólico debido a una urolitiasis, es decir, una piedra que llaman en el riñón, pero que realmente está en el uréter. Supongo que lo de la piedra de riñón es algo que ya sabemos todos; es un problema muy conocido que produce mucho dolor. Cuando le dio bastante fuerte en ese momento, llamé a urgencias. Bueno, ahí el número para este tipo de urgencias es el 1177, que es para cualquier problema de atención sanitaria, desde las más urgentes hasta las menos urgentes. Expliqué el problema: mi mujer estaba muy afectada, postrada, no se podía andar, tenía mucho dolor y vómitos; en fin, lo que es un cólico renal fuerte.

Nos estuvieron diciendo que sí lo entendían, que nos enviarían una ambulancia cuando pudieran, pero que estaban ocupados y que iban a tardar un rato. Estuvimos esperando como una hora, más o menos. Llamamos una vez más y nada: decían que no tenían ambulancias disponibles. Me acuerdo que era un día normal, ni eran las tardes ni la mañana; a media tarde, una cosa así. Al final la llevé yo en el coche y llegamos a urgencias. Estuvimos esperando un rato. Por suerte para nosotros, y por suerte para ella sobre todo, en esa hora que estuvimos esperando, más el trayecto y más cuando llegamos a urgencias, el dolor empezó a remitir un poco.

Estaba hecha polvo, pero no tenía tantas náuseas ni ese dolor tan intenso del principio. Después de esperar un rato, nos pasaron a un box, a una consulta, donde había una enfermera. Le explicamos el problema. Ella se encontraba en ese momento un poco mejor, pero le relatamos lo que había pasado. Le tomó la tensión y la temperatura; no tenía fiebre. También le midieron el pulso con el oxímetro: frecuencia cardíaca y saturación de oxígeno, en eso estaba bien. Estaba todavía bastante dolorida y apenas podía andar, pero estaba mejor, en el sentido de que la tensión estaba normal, la saturación de oxígeno y la frecuencia cardíaca estaban bien. Entonces le dijeron que, como parecía que estaba mejorando y ahora no estaba tan mal, pues que no había nada más que hacer. Nosotros nos quedamos en la sala de espera, esperando, pero no a que nos atendieran, sino dando un poco de tiempo a ver si pasaba algo más. Nosotros ya sabemos que, siendo médicos y habiendo tenido experiencias previas con cólicos renales, sabemos que un cólico se puede complicar con una pielonefritis y, a continuación o un poco de tiempo más tarde, puede dar otro cólico.

En general, es un estado que requiere un diagnóstico y una valoración en la misma situación, como ocurre en España. A ella no le pasó eso, pero a mí me pasó un tiempo antes: se realizó una exploración médica, una serie de pruebas de imagen (ecografía, escáner), se intentó identificar la piedra, hubo valoración por urología, en fin, todo ese tipo de cosas. En ese caso, como mi mujer no estaba tan prostrada en Suecia y, después de una hora y pico de «primera enfermedad», estaba remitiendo; por lo menos los síntomas iniciales estaban disminuyendo. Sin embargo, todo esto se resolvió sin realizar un diagnóstico, porque era un dolor con malestar, una deposición muy intensa o cólicos que estaban remitiendo, pero sin un diagnóstico, aunque nosotros pensábamos que era un cólico renal. Sin una valoración por parte del sistema sanitario, sin valoración médica, sin diagnóstico, etc., para decir: «Bueno, pues se puede ir o no se puede ir». El caso es que, como no estaba tan mal, no llamaron a ningún médico. Nos quedamos esperando un buen rato en urgencias; como mi mujer estaba mejor, al final nos fuimos.

Y otro dato, una segunda anécdota, no nos pasó a nosotros personalmente, sino a unos amigos aquí en España. Como llevamos una temporada en este país, eso tenía que ver con el servicio de oftalmología que atendía a uno de nuestros amigos. Él pidió cita en oftalmología a través de su médico de cabecera, porque tenía problemas de visión. Cuando le fueron a dar la cita, primero se sorprendió porque le dieron una fecha relativamente pronto; antes, en oftalmología, tenía más lista de espera.

Le llamaron pronto del centro de salud. No se tuvo que desplazar ni al hospital ni al centro de especialidades habitual, donde solían estar los oftalmólogos y pasaban consultas de oftalmología, sino que le avisaron desde su centro de salud. Cuando fue allí, le atendió un optometrista que le hizo una especie de pruebas de screening. Le grabaron la vista, le tomaron unas fotografías de fondo de ojo, le pasaron por unas máquinas y ya estaba. Le explicaron que esas fotografías y pruebas se enviaban a un oftalmólogo y que, con la revisión de este médico de las pruebas realizadas, más lo que le había hecho el optometrista (la tensión ocular, la graduación de las gafas), ya estaba hecha la revisión visual.

Mi amigo se quedó un poco mosca, un poco sorprendido, porque él quería ver al médico, al oftalmólogo, al médico especialista; tenía unas dudas y unos problemas y quería preguntar directamente al médico. Además, él también sabía, porque llevamos muchos años siendo amigos, que las pruebas que le hacen, bueno, sí, toman imágenes de fondo de ojo y el optometrista hace su exploración, pero eso no equivale a una exploración de un oftalmólogo. Hay cosas que ve un oftalmólogo que no se captan con esas pruebas de screening ni con esas fotografías de fondo de ojo.

En una exploración rutinaria del médico, sea de atención primaria o de especialidad que sea, muchas veces la exploración que hace el médico va más allá del motivo por el que acude el paciente. En nuestras exploraciones rutinarias, estamos descartando cosas y hacemos una búsqueda y un seguimiento de aspectos más allá del motivo de la consulta; podemos encontrar o descartar patologías con bastante antelación. Podemos detectar enfermedades con una serie de exploraciones que van más allá de estas campañas de screening. En las cuales, en este caso, el optometrista, y en otros casos, las enfermeras, en general, no es lo mismo cuando otros profesionales realizan estas pruebas.

Aquí tenemos tres casos, tres anécdotas: primero, la noticia del hospital en Cataluña; luego, la anécdota que he contado de Suecia; y la otra anécdota aquí, en España, que le ha pasado a un amigo mío. Quien intente entender que, de lo que pretendo decir, estoy en contra de que otros profesionales sanitarios amplíen sus competencias dentro de sus posibilidades, es que no está entendiendo lo que quiero decir. La atención sanitaria es mucho más amplia que la atención médica. Puedes acudir a un centro de salud, al hospital o a donde sea a que te realicen la cura de una herida, a que te retiren puntos, a que te hagan educación diabetológica y que te lleven a cabo un seguimiento de tu dieta para una serie de enfermedades. Hay muchas actuaciones en la sanidad las cuales no requieren a un médico.

Ampliar esas competencias de diferentes profesionales está muy bien. Incluso cuando esas competencias o actividades, que no eran especialmente propias de un médico, las tenía que hacer un médico porque no había más personal, o porque si no lo hacía un médico no lo hacía nadie; esas actividades las puede llevar a cabo el personal competente y preparado para ello. Eso son buenas noticias para el sistema sanitario, para los pacientes y para los médicos. Así se puede enfocar en lo que es su competencia exclusiva. Pero lo que es la valoración diagnóstica, la indicación del tratamiento, y muchas veces los tratamientos que son exclusivamente médicos; y en general, el acceso, cuando tú quieres, necesitas o es conveniente acceder a un médico por diferentes razones: cuando ese acceso queda dificultado, cuando ponen trabas y te lo venden como eficiencia, eso tiene un nombre. Y, de hecho, hemos hablado de esto varias veces.

Yo lo he llamado «decadencia del sistema sanitario» o «declive». Podemos hablar de España. Esto está pasando en otros países del entorno, pero, bueno, ahora centrándonos en España. Cuando oí esta noticia, que en este caso estaba pasando en Cataluña, recordaba la deriva que está sufriendo Suecia desde hace muchos años. La población poco a poco va aceptando perder el acceso al médico. Nadie te dice, por supuesto, la pérdida de calidad que estamos asumiendo y que está sufriendo la población. Y yo, desde mi opinión subjetiva, pienso que es una pena y que esto habría que pararlo de alguna manera, aunque no sé cómo, no veo una manera fácil de hacerlo.

¿Y tú qué opinas? Estaría encantado de oír tus opiniones. Muchas gracias por el tiempo que has dedicado a escucharme. Tienes los métodos para contactar conmigo en las notas del programa. Este podcast no utiliza inteligencia artificial para su producción o locución. Nos oímos la próxima semana. ¡Hasta el próximo episodio!

[MÚSICA]