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Hola, yo soy Rubén y esto es El Parche de Odón, el podcast personal de un oftalmólogo entre Suecia y España. Este es el episodio 283 y se titula "Modelos de crianza".
Vamos a repasar un poco los modelos de crianza con los hijos y vamos a darle una perspectiva evolucionista, de biología evolucionista, y de cómo la conducta se puede explicar bajo ese prisma, y cómo ciertos aparentes fracasos de estos modelos de crianza y la frustración que suponen a los padres tienen explicación desde este punto de vista evolucionista. Estudiando los modelos actuales, o las tendencias o modas actuales a la hora de criar a los niños, podríamos simplificarlo y describir dos tendencias. Una es lo que se podría llamar "crianza gentil", en inglés "gentle parenting", que está más de moda, es más actual, y que aboga por un enfoque empático, una validación emocional, sin castigos, si es posible. La enfrentamos con la "crianza tigre", "tiger parenting", traducida directamente del inglés, que, bueno, en inglés tiene menos sentido, pero es el típico modelo estricto, más basado en normas, disciplina, y que busca más un alto rendimiento, si lo podemos llamar así.
Bueno, pues ambas disciplinas, o ambas modas, o ambos sistemas para criar a los niños, pueden estar condenados al fracaso porque ambas, las dos, no son las primeras, sino las dos ignoran una realidad biológica: y es que el conflicto de padres e hijos no es un conflicto, algo típico que hay que curar, sino que es esencial a la relación padres-hijos. Y, además, esta relación padres-hijos, desde el punto de vista de la biología evolucionista, ya está teorizada y descrita desde los años 70. ¿Cuál es el problema? Es que en estas dos modas de crianza, de forma implícita, bueno, estas dos y otras muchas a lo largo de las últimas décadas, se basan de forma implícita en que los niños son receptores pasivos de los cuidados, de la atención que reciben, y en el modelo de la tabla rasa.
De la tabla rasa ya hemos hablado. Y resulta que no: los niños no son ninguna de estas dos cosas, sino que son agentes activos, agentes biológicos activos. Somos animales con cerebro, nuestro cerebro tiene conductas y nuestras conductas están marcadas por el entorno y mucho por nuestra genética y nuestra biología, más en los niños porque no tienen mucha oportunidad para desarrollar experiencias que personalicen su conducta. Entonces, como digo, los niños son agentes activos que tienen una conducta y esa conducta está adaptada para extraer el máximo de recursos: los recursos son atención, comida, protección, de su entorno. Busca extraer recursos de su entorno y su entorno son principalmente los padres y los hermanos.
Y aquí la lógica genética es clave. Quizá quien no ha estudiado o no ha leído sobre este tipo de relaciones genéticas entre parientes puede encontrarlo un poco extraño e intentar explicarlo de forma simplificada. Un padre comparte aproximadamente el 50 % de sus genes con cada hijo y el padre busca distribuir los recursos más o menos equitativamente a cada hijo para maximizar el éxito reproductivo colectivo de todos los niños, más o menos por igual. No es que busque conscientemente; solemos hablar varias veces de que, cuando realizamos conductas que son faraónicas para la supervivencia y sobre todo para la propagación de nuestros genes, no es que nosotros lo estemos pensando hacer activamente. Es que esas conductas van apareciendo de forma diversa y más o menos azarosa; conforme pasan los siglos, las que tienen más éxito en propagar los genes, esa tendencia suele seleccionarse.
Por lo tanto, el padre o la madre tiende a dar recursos a sus hijos, atención, protección, etc., más o menos de forma equitativa con todos. Sin embargo, un niño, hacia sí mismo, comparte el 100 % de sus propios genes, porque él es él mismo. Sin embargo, con un hermano solo comparte el 50 %, con un padre solo el 50 %. Si tuviera siempre hermanos gemelos o tuviera parientes que fueran clones, que lo convertirían al 100 %, las cosas cambiarían. Eso pasa, por ejemplo, en las hormigas y en otros tipos de animales ultrasociales, en los cuales puedes tener miles o millones de hermanos que son genéticamente clones tuyos. En ese momento, desde el punto de vista meramente genético, no conviene ni interesa ser egoísta, sino que te puedes sacrificar por tus hermanos o hermanas porque genéticamente son iguales a ti.
Pero en el ser humano, y en la mayoría de los animales vertebrados, no ocurre así. Con lo cual, tú eres la única persona con la que compartes el 100 % de tus genes. Con lo cual, tú eres el más importante y tu padre, tu madre, tu hermano, solo compartes el 50 %, con lo cual son menos importantes. Por lo tanto, el niño está programado genéticamente para demandar más atención y más cuidados de los padres de lo que los padres están dispuestos a dar. Del punto de vista genético, a un hijo le interesa, le interesa entre comillas, ya me estáis entendiendo lo que quiero decir, perjudicar a su hermano para recibir más atenciones él, incluso perjudicar a sus propios padres para tener él más atención.
Entonces, cosas más tontas como peleas por juguetes o este tipo de conductas regresivas que tiene el hermano mayor cuando nace su hermano, cuando tiene un hermano pequeñito, o la competencia por el tiempo emocional con sus padres, todos esos conflictos tienen una raíz evolutiva importante. Y esto no es nuevo, esto ocurre desde que el ser humano existe, incluso antes. Incluso conflictos cotidianos como el destete prolongado en mamíferos, que no solo pasa en humanos, en otros mamíferos, comportamientos que vemos egoístas no son maldad, no es una conducta maliciosa, sino que a un niño le interesa tener ese recurso tan valioso, como, por ejemplo, la leche materna para él mismo y no compartirlo con sus hermanos. Ese interés entra en conflicto con el de la madre en este caso, porque a la madre le interesa ofrecer más o menos una igualdad de oportunidades a todos los niños, y, por supuesto, al hermano pequeño le perjudica un destete tardío de su hermano mayor. O sea, que hay conflictos por todas partes y eso lo explica la propia genética.
Por lo tanto, volviendo al principio, estas modas parentales, de forma más flexible o comprensiva o de forma más estricta, fallan siempre porque tratan el conflicto con los padres, con los hermanos, como un problema a curar, como una anomalía. Y tú esperas que con empatía infinita, por un lado, o con una disciplina férrea, por otro lado, endereces esa conducta y deje de existir. Entonces tienes a padres frustrados, a madres frustradas, cuando a un niño le has dado cariño, le has dado validación y sigue siendo agresivo y se porta mal, por ejemplo, con sus hermanos. Y tú no entiendes por qué, qué estás haciendo mal. Y no es que estés haciendo nada mal, es que hay una biología de millones de años que está detrás de estos conflictos entre hermanos o con los padres. Podemos pensar que una crianza más estricta, esa crianza tigre, esa mala traducción que tenemos del inglés, funciona mejor. Pero realmente lo que hace es reprimir el conflicto externamente, pero no lo está eliminando. Y eso puede generar rebelión o estrés posterior.
Entonces, ¿cuál es la solución? A ver, no es una solución fácil, pero un buen punto es que tenemos que reconocer que no hay nada que curar, que no hay nada que esté intrínsecamente malo: es inconveniente y genera conflictos que tenemos que capear y solucionar de alguna manera, pero no hay nada que esté intrínsecamente mal en el niño ni en nosotros como padres cuando estamos realizando algún tipo de crianza y vemos que los conflictos persisten. Y una vez reconoces que realmente no hay nada que curar, ya es en parte liberador porque reduce la culpa parental, que ya es un margen. Baja la temperatura emocional, rebajas el conflicto porque los conflictos escalan: porque los padres entienden que esto no se tendría que producir, que llevan meses tratando de que los niños no se peleen o que los niños no sean tan rebeldes y, como no lo están consiguiendo, el estrés escala, pero escala ya en la cabeza de los padres y ese estrés lo comunican a sus niños.
Y te tienes que dar cuenta de que no tienes que arreglar ninguna personalidad, simplemente tienes que gestionar recursos. Una cosa menos emocional, vale. Pues un niño, otro niño, sigue pidiendo más recursos, ya sabemos, pues se los repartimos de una forma que no van a quererlo siempre los niños, pero ya está. Intentar que no suba la temperatura de esos conflictos, pues oye, tú quieres más atención, pero tienes la que te voy a dar sin más. Y no tienes que empecinarte en arreglar esa personalidad que tú crees que no funciona bien en el niño, porque el niño, pues al final, se comporta así. Así que sí, se trata de querer a los niños, amarlos, criarlos con un marco de cooperación, etc. También hay que atender a que hay que poner normas, porque solo validando y dándoles cariño, los niños no se van a volver automáticamente empáticos e igualitarios, porque van a seguir comportándose de forma, entre comillas, "egoísta", que no es egoísta en el mal sentido, es que la biología les empuja a ellos, no se empuja a ellos.
Y nos tenemos que olvidar de modelos de crianza utópicos y reales, entender que hasta cierto punto el conflicto es parte de la relación padre-hijo, madre-hijo, entre los hermanos, y gestionarlo sin subir la temperatura, gestionar, repartir los recursos y tirar hacia adelante. A mí me han parecido muy interesantes estas aportaciones que hace la biología evolutiva. No soluciona el problema, no te está dando recetas o fórmulas mágicas para solucionar la crianza y que la crianza de un niño sea una cosa fácil, no lo es, nunca lo va a ser, pero yo creo que aporta un buen punto.
No culpabilizar, no meter demasiada carga emocional, normalizar hasta cierto punto lo que hay y solucionarlo de la mejor forma posible. ¿Y tú qué opinas? Estaría encantado de oír tus opiniones. Muchas gracias por el tiempo que has dedicado a escucharme. Tienes los métodos para contactar conmigo en las notas del programa. Este podcast no utiliza inteligencia artificial para su producción o locución. Nos oímos la próxima semana. ¡Hasta el próximo episodio!