El malware infecta nuestro dispositivo realizando acciones como borrar archivos e instalar spyware capaz de compartir nuestras credenciales. De esta forma es como nuestro host comprometido puede ser parte de una red de miles de dispositivos igualmente comprometidos, conocidos colectivamente como botnet (una red de computadoras infectadas con malware que son controladas por un atacante) utilizadas para distribuir correo electrónico no deseado o ataques distribuidos de denegación de servicio contra hosts específicos.
**Gran parte del malware se autoreplica: una vez que infecta un host, desde ese host intenta acceder a otros hosts a través de Internet, y desde los hosts recién infectados, vuelta a empezar, propagándose exponencialmente rápido. El malware puede propagarse en forma de virus o gusano.
Los virus son malware que requieren algún tipo de interacción del usuario para infectar su dispositivo. El ejemplo clásico es un archivo adjunto de correo electrónico que contiene código ejecutable malicioso. Si un usuario recibe y abre dicho archivo adjunto, ejecuta inadvertidamente el malware en el dispositivo. Normalmente, estos virus de correo electrónico se autoreplican: una vez ejecutados, el virus puede enviar un mensaje idéntico con un archivo adjunto malicioso idéntico a, por ejemplo, todos los destinatarios de la libreta de direcciones del usuario.
Los gusanos son malware que pueden ingresar a un dispositivo sin interacción explícita del usuario. Por ejemplo, un usuario puede estar ejecutando una aplicación de red vulnerable a la que un atacante puede enviar malware. En algunos casos, sin intervención del usuario, la aplicación puede aceptar el malware de Internet y ejecutarlo, creando un gusano. El gusano, en el dispositivo recién infectado, escanea Internet en busca de otros hosts que ejecuten la misma aplicación de red vulnerable. Cuando encuentra otros hosts vulnerables, envía una copia de sí mismo a esos hosts.**
Otra amplia clase de amenazas a la seguridad se conocen como ataques de denegación de servicio (DoS), los cuales se dividen en:
Un receptor pasivo cerca de un transmisor inalámbrico puede obtener una copia de cada paquete transmitido (también pueden ser desplegados en entornos cableados) . Estos paquetes pueden contener todo tipo de información confidencial, como contraseñas, números de la seguridad social, secretos comerciales y mensajes personales privados. Un receptor pasivo que registra una copia de cada paquete que pasa se denomina rastreador de paquetes (packet sniffer). Una de las mejores defensas ante es la criptografía.
Es sorprendentemente fácil crear un paquete con una dirección de origen, contenido y dirección de destino arbitrarios y luego transmitir este paquete a Internet, que lo reenviará diligentemente a su destino. Un receptor desprevenido (por ejemplo, un enrutador de Internet) recibe dicho paquete, toma la dirección de origen (falsa) como verdadera y luego ejecuta algún comando integrado en el contenido del paquete (por ejemplo, modifica su tabla de reenvío). La capacidad de inyectar paquetes en Internet con una dirección de origen falsa se conoce como suplantación de IP (IP spoofing) y es solo una de las muchas maneras en que un usuario puede hacerse pasar por otro. Para resolver este problema, se requiere end-point authentication, un mecanismo que nos permita determinar con certeza si un mensaje se origina donde creemos que se origina.