En los últimos años "coach ágil" se convirtió en una declaración más que en una acumulación. Cualquiera con una certificación reciente y buena disposición se presentaba como tal. Parte del fracaso de Agile en Latinoamérica tiene nombre: coaches sin suficientes vueltas al ciclo.
Lyssa Adkins y Michael Spayd desarrollaron el Agile Coach Competency Framework precisamente para hacer justicia a lo que el rol realmente requiere. No es un título — es un mapa de competencias que se desarrollan iterativamente, con el tiempo, con contexto real y con el costo de haberse equivocado.
Alrededor del centro, el framework identifica seis competencias que el coach ágil maduro necesita dominar en distintas proporciones según el contexto:

Aquí es donde los modelos de madurez aportan su mirada más honesta: un coach junior puede tener un primer nivel de contacto con todas estas competencias. Un coach senior las ha recorrido todas en profundidad — pero no porque las estudió en orden, sino porque ha dado suficientes vueltas al ciclo.
Cada iteración viene con más complejidad, más ambigüedad y más costo real de equivocarse. No es que el coach maduro sabe más cosas. Es que ha iterado más veces, en contextos más difíciles, y ha pagado el precio de aprender con consecuencias reales.
Teaching — llevar el conocimiento correcto, en el momento correcto, de la forma en que el otro puede recibirlo y metabolizarlo.
Mentoring — compartir experiencia propia para iluminar el camino de quien está recorriendo un territorio similar.
Professional Coaching — acompañar desde la escucha y la pregunta, dejando que el interés y la dirección del coachee determinen el proceso.
Facilitating — sostener el proceso de descubrimiento de un individuo, equipo u organización sin imponer la solución.
Technical Mastery — expertise técnico como practicante de software o ingeniería.
Business Mastery — expertise en innovación orientada a valor de negocio y desarrollo de producto.
Transformation Mastery — capacidad de actuar como catalizador de cambio organizacional.