iBookStore no nació de una reunión donde alguien dijo "necesitamos una app"…
Nació de una pregunta incómoda que la dirección de una librería con casi cien años de historia no podía seguir ignorando:
¿qué le vendemos a alguien que nunca va a pisar nuestra tienda?
Responder esa pregunta bien — no rápido, sino bien — requirió un proceso.
Un proceso que se hizo en grupo, en voz alta, con contradicciones sobre la mesa y sin demasiados PowerPoints preparados de antemano.
Así funciona un Discovery cuando se hace en serio.
De ese proceso nacieron los artefactos que guían todo lo que sigue en este wiki:
→ Las personas que encontramos. El journey que mapeamos. El user story map que construimos. Las versiones que definimos. Todo tiene raíz aquí — en una semana de conversaciones honestas entre personas que decidieron entender antes de construir.
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Entender el problema correcto
Primero divergimos. El equipo — negocio, UX, tecnología — salió a observar. Entrevistaron lectores. Revisaron métricas de tráfico en la tienda física. Analizaron competidores. Se preguntaron por qué alguien elegiría comprar un libro en línea en lugar de buscarlo en una librería de barrio.
Lo que encontraron no fue lo que esperaban.
El problema no era que la librería no tuviera presencia digital. Era que el momento en que alguien quiere un libro no coincide con el horario de atención de ninguna librería del mundo. El impulso lector no avisa. Llega a las once de la noche, en el metro, en medio de una conversación. Y si en ese momento no hay una forma simple de actuar, el impulso muere.
Luego convergimos. De todo lo observado, el equipo definió el problema real:
la fricción entre querer un libro y poder tenerlo es demasiado grande, y ninguna solución existente la resuelve bien para el lector habitual.
Ese fue el hallazgo del primer diamante. No una hipótesis de negocio — una verdad del usuario.
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Encontrar la solución correcta
Con el problema definido, el equipo volvió a abrir el abanico:
Se exploraron caminos. Se descartaron los que resolvían el problema de la empresa antes que el del usuario. Se prototiparon los más prometedores. Se pusieron frente a lectores reales.
Y convergieron en algo concreto:
una plataforma de compra directa, diseñada desde el primer clic para el lector — no para el catálogo.
Sin fricciones. Sin distracciones. Con un flujo que va de la búsqueda al comprobante en el menor número de pasos posible.
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