El proceso de agile coaching de Itera no es un modelo cerrado que se entrega completo desde el inicio. Es en sí mismo un sistema ágil: se diseña, se implementa, se observa, y se adapta. El proceso que acompaña al líder es también un proceso que se acompaña a sí mismo.
El eje que hace posible esa iteración es un modelo de madurez — el mecanismo que permite al coach saber dónde está el líder en cada momento, qué instrumento corresponde, y cuándo avanzar o volver.
Para las primeras iteraciones del proceso, el modelo de madurez adopta una forma escalonada y legible — inspirada en lógicas tipo crawl / walk / run / fly — donde cada nivel describe comportamientos observables y el nivel máximo es la mejora continua: el líder como su propio sistema de inspect and adapt. Esta forma es la más comunicable, la más fácil de anclar con el coachee, y la más útil para estructurar las primeras versiones del proceso.
Sin embargo, el modelo reconoce que esa forma tiene límites — y que versiones más maduras del proceso pueden migrar hacia enfoques de medición más sofisticados y más difíciles de falsear:
La estrategia es agile en su forma más pura: empezar con el modelo más simple que funcione, observar lo que revela y lo que oculta, e iterar hacia formas más precisas cuando el proceso y el coachee estén listos para sostenerlas.