Después de una buena lectura llegué a una idea que me hizo replantearme algo: la libertad que siempre busqué quizás, en realidad, era falsa.
Durante mucho tiempo tuve miedo de comprometerme con algo a largo plazo porque pensaba que, si no me comprometía con nada, era libre de elegirlo todo.
Pero eso es una mentira que yo mismo me conté y terminé creyéndome.
Porque no se puede tener todo en la vida.
Y si bien hoy hay mucha gente que te quiere vender la idea de que podés hacer absolutamente todo, yo creo que no es así.
Cuando te comprometés con algo, inevitablemente estás renunciando a otras cosas.
Pero quizás en ese compromiso encontrás algo más importante que la libertad: la paz interior de haber elegido.
Cuando dejás de dudar constantemente y elegís comprometerte con algo, sabiendo que no va a ser perfecto, que va a haber momentos de frustración y momentos en los que quizás sientas que nada vale la pena, empezás a experimentar otro tipo de libertad.
Porque si no sos libre para elegir, ¿sos realmente libre?
Desde que tengo uso de razón me costó muchísimo elegir una profesión o una carrera.
Empecé, al menos, seis carreras universitarias diferentes y siempre terminé dejándolas porque sentía que quizás había algo mejor del otro lado.
Pensaba que, si elegía una, estaba perdiendo la posibilidad de elegir otra.
¿Y a dónde me llevó eso?
A no elegir ninguna.
Entonces me pregunto: ¿eso es libertad?
Lo dudo.
Si pudiera darte un consejo, sería este:
Animate a elegir algo y trabajá sobre eso.
No tiene que ser perfecto.
Tampoco tiene que ser necesariamente algo que vayas a hacer durante el resto de tu vida.