¿Se puede extrañar lo desconocido?, me pregunto mientras siento un vacío en el pecho. Un vacío que solamente podría llenarse con algo que jamás he sentido, con algo que nunca nadie me ha hecho sentir. Pero, ¿cómo saberlo? ¿Cómo saber que es con eso que se llena la necesidad del corazón, y no con otra cosa, si es algo que nunca he sentido? Entonces tal vez lo que extraño no es del todo desconocido; sino que es ajeno a mis experiencias. Veo que todos a mi alrededor viven y sienten tantas emociones, y yo por mi parte no soy más que eso: una espectadora.
Pero no me mal entiendan, a mí me gusta observar; creo que hay tanta belleza en los detalles de cada panorama... por ejemplo, la forma en la que una persona mira a otra, de manera que sus interacciones demuestran armonía sin necesidad de decir una sola palabra… o la forma en la que todo el contexto puede danzar tan coordinadamente para que dos personas se conozcan o se hablen o simplemente se miren, parece casi celestial.
Sin embargo, dicho lo anterior, ninguna de estas divagaciones resuelve mi duda; de hecho, me invita a reformularla. Porque lo que extraño no es desconocido (al menos no del todo), y tal vez realmente no lo extraño, pues existe una diferencia entre extrañar y anhelar. Desde una perspectiva de temporalidad, extrañar es un concepto que se centra en la nostalgia de algo que se solía tener en el pasado; mientras que, anhelar se refiere a la ilusión o esperanza de conseguir algo a futuro.
Teniendo esto en cuenta, cambiando de premisa, entonces realmente no extraño lo desconocido sino que anhelo lo ajeno... pero eso suena envidioso, por lo que debo realizar otra distinción conceptual. No quiero arrebatarle a nadie aquello que ama; no es mi deseo tener lo que otros poseen… solamente quisiera saber, aunque fuera una vez, cómo se siente mirarlo desde adentro y no desde una perspectiva ajena.
(20 de Junio de 2026)
“Vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó” — Jorge Luis Borges, El Aleph (1945).
Me encontraba yo en un bar de esos en los que ponen jazz y rock suavecito. Era un lugar en Chapinero que frecuentábamos con mi amiga Lorena de vez en cuando, con el fin de tomarnos unas polas y hablar de la vida. Estaba el ambiente muy agradable, sonaba Stop Crying Your Heart Out de Oasis, y aunque no soy fanática de los hippies, lo estaba disfrutando. En eso, Lorena empezó a contarme sobre su ex-novio, básicamente le puso los cachos con su mejor amiga...
— Esa vieja sí es doble cara—, me dijo ella. Yo afirmé con mi cabeza, pero en mi mente, pasaron mil pensamientos. Uno de ellos fue "¿qué significa realmente ser doble cara?". Es una pregunta casi filosófica, demasiado seria para un sábado por la noche y 4 Stellas encima. Quise detener mi mente. Pero entonces mi amiga continuó:
— Lo peor de todo es que con ella sí se va a casar, ya enviaron las invitaciones del matrimonio y todo. Se casan en Septiembre, en el mes del amor y la amistad.
— Tras del hecho… pero ¿tú estás bien?, si necesitas ayuda en algo, sabes que cuentas conmigo.
— Sí amiga, ya no me importa, solo te cuento por adelantar cuaderno. Ya todo lo de Raúl y mi ex-mejor amiga es un tema del pasado.
Pero yo podía sentir la melancolía y nostalgia en su voz, en el fondo, ella quería ser quien se casaría con él; y ahora era su mejor amiga la que ocupaba ese lugar. Y entonces mi mente no pudo detenerse, seguí pensando en la pregunta esencial: ¿qué es un doble cara?
Mi amiga se levantó para ir al baño y yo aproveché el momento para buscar en Internet. La RAE no tenía una definición oficial, así que la saqué de Gemini:
"doble cara es una expresión que se utiliza principalmente para describir a una persona falsa o hipócrita, es decir, alguien que actúa de manera amable y leal frente a ti, pero te critica, traiciona o habla mal a tus espaldas"
Al leer eso, a mi me pareció interesante la definición, principalmente porque tiene una connotación específicamente negativa, es alguien hipócrita que habla mal de ti a tus espaldas... y eso hizo eco con una idea que siempre he tenido en la mente, y es que todos tenemos muchas caras. No es mi misma cara la que muestro en mi casa a mis papás, a mis hermanos, o la que muestro en el trabajo, en la universidad, con mis amigos, con desconocidos, con quién sea. En ese sentido, todos somos no solo doble caras, sino mil caras, millones de caras. La chica que ahora se va a casar con el ex-novio de mi amiga fue mala persona con ella, pero probablemente es la mejor con su futuro esposo, y eso me hizo pensar en algo más. No es solo las caras que mostramos, son las caras que percibimos... no es lo mismo como yo percibo a una persona, a como la percibe alguien más. Para mí, alguien puede ser muy amable y para otro, ese mismo individuo, puede ser el más grosero y arrogante; todo se basa en perspectivas.
Empecé a sentir que mi cabeza daba vueltas, este monólogo interno no ayudaba a mi estado de embriaguez. Mi amiga volvió a sentarse, me preguntó si estaba bien. Decidí contarle lo que había pensado, y su respuesta fue un poco desconcertante, no porque no supiera qué decirle o porque fuera algo malo; sino porque por el contrario, fue algo que me generó más dudas. Ella me dijo:
— Hmm pues es muy interesante lo que me planteas, la verdad no lo había pensado así. Si todos somos mil caras, entonces para ellos yo debo ser un villano también.
— Sí, justo eso es lo que digo, tu sabes quién eres, pero para ellos, su perspectiva de ti ha de estar bien alterada.