Ya sé, ya sé. Regresamos a la sección de los títulos amarillistas. Pero compréndanme, es para que te dé ganas de leerlo.

Todo esto empezó con una buena dosis de dopamina cortesía de TikTok, y de repente me aparecio la noticia:

"Elon Musk se convierte en el primer billonario de la historia."(1)

Lejos de lo que yo pueda opinar sobre el tema, lo que me pareció curioso fue abrir los comentarios y encontrar una batalla campal entre dos bandos: los que criticaban la noticia y los que respondían a cada uno de ellos con frases como "pinche envidioso", "él se lo ganó trabajando", "zurdito, él le da empleo a la gente."

Más allá del debate ideológico que eso puede generar, me quedé con una pregunta:

¿Por qué hay gente que defiende de forma tan enfermiza a personas con las que no tiene ninguna relación cercana — específicamente a los ricos?

Y cuando digo enfermiza me refiero al internauta que cae en descalificaciones burdas y lamentables solo para sostener su punto.

Me di a la tarea de investigarlo. Y lo que encontré está para ponerte a pensar.

Voy a organizar esto en dos ejes: primero, explicar esa especie de síndrome de Estocolmo amorfo que tienen algunas personas cuando se trata de defender a los ricos. Segundo, desmontar por qué los argumentos que más se repiten para defenderlos son o muy rebuscados, o directamente falsos.

LO QUE PONE A DEFENDER A LOS RICOS ES….

Para abordar el primer punto, hay que hacerse otra pregunta: ¿existe algo que impulse genuinamente a la gente a defenderlos?

La respuesta corta es UN SI ROTUNDO Y tiene nombre.

La meritocracia.

Este término nació en 1958 de la mano del sociólogo Michael Young. Su premisa es seductora: no importa de dónde vienes ni cuánto tienes — si le echas ganas, puedes convertirte en el dueño del mundo. Todos los fracasos y todos los éxitos son responsabilidad exclusiva tuya, de tu mérito, de tu esfuerzo.(2)

Suena bonito. El problema es que la realidad de alguien en Chiapas, en Francia, en Vietnam o en Estados Unidos no es la misma. El punto de partida no es el mismo para nadie. Y la meritocracia convenientemente ignora eso.

Pero ¿por qué esta idea lleva a la gente a defender a los ricos? Porque el razonamiento, aunque no sea consciente, funciona así:

"Si el multimillonario es rico porque se esforzó, criticarlo es criticar el esfuerzo mismo."

En palabras simples: la meritocracia convierte la defensa del rico en una defensa ilusoria del propio éxito futuro. Defender a Musk se vuelve, en la cabeza del internauta, defender la posibilidad de que algún día él también pueda llegar ahí.

Otro ingrediente en esta receta es la marca personal que construyen estos magnates en redes sociales. Elon Musk, Ricardo Salinas Pliego — ambos se presentan como auténticos, rebeldes, genios incomprendidos que van contra el sistema. Esa imagen, cuidadosamente construida por equipos de marketing, genera en el usuario una especie de reflejo: ve en ellos lo que desearía ser.

Es como ese capítulo de Los Simpson donde Nelson Muntz se mira al espejo y se ve igual, pero arreglado. Un ejemplo burdo, sí, pero siento yo que ilustra bien el mecanismo.