Soy Software Developer y trabajo en sistemas críticos, de esos que no se pueden caer. La pregunta que me da vueltas no es si la IA me va a reemplazar. Es otra, más incómoda: si delego cada vez más razonamiento, ¿qué pasa con mi capacidad de criticar lo que recibo?
La criticidad es un músculo. No se pierde de un día para el otro: se pierde de a poco, en cada decisión que dejás de tomar porque total, la herramienta ya la resolvió.
Empiezo por lo bueno, que es mucho. La IA reemplaza la parte mecánica: el boilerplate, el CRUD, el test obvio, traducir un patrón que ya viste mil veces. Eso es un multiplicador real: me deja moverme rápido, prototipar tres enfoques en el tiempo que antes me llevaba uno, y reservar mi energía para las decisiones que de verdad importan. No es el enemigo; es la mejor palanca que tuvimos en años.
Lo que no reemplaza en mi opinion es decidir qué construir, por qué, y qué se rompe cuando falla a escala. En un sistema core, que algo "ande a la primera" no significa nada. Alguien tiene que saber por qué se eligió un lock optimista y no uno pesimista, qué pasa si la cola entrega el mismo mensaje dos veces, y si ese reintento es idempotente o termina ejecutando la operación dos veces. La IA te ofrece tres soluciones que compilan; cuál de las tres sube a producción sigue siendo una decisión tuya.
Y hay algo que en sistemas distribuidos vuelve esto más serio: tus decisiones no se quedan en tu servicio. Un contrato mal pensado, un evento con un esquema ambiguo o un reintento no idempotente no es un bug local: se propaga a los equipos que consumen lo tuyo. Lo que para vos es "ya anda", para otro termina siendo un incidente que arrastra a media plataforma. Moverte rápido con la IA está perfecto, siempre que sigas siendo vos quien entiende el radio de impacto de cada decisión.
El riesgo real, entonces, no es que la IA piense por vos. Es que dejes de poder evaluar si lo que te dio está bien. Y esa capacidad de evaluación es exactamente lo que va a valer en los próximos años, no la velocidad con la que tipeás.
La criticidad no nace de escribir la solución, sino de entender el espacio de soluciones. Por eso el hábito que importa no es dejar de usar la IA, sino no aceptar nunca un output sin poder reconstruir el porqué. Si no podés explicar por qué esa decisión y no otra, no la entendiste: la copiaste.
En concreto, hago tres cosas. Primero, la uso como sparring y no como oráculo: antes de leer su respuesta formo mi propia hipótesis y después comparo, porque la fricción entre ambas es donde se construye el criterio. Segundo, no delego los fundamentos: sistemas distribuidos, modelos de consistencia, teoría de colas, complejidad. La IA cambia cómo escribo, no cómo funciona una red bajo partición, y eso es capital que no se devalúa. Tercero, hago post-mortems de lo que la IA produjo: cuando algo que acepté se rompe en producción, no lo arreglo y sigo, me pregunto por qué no lo vi venir.
Pasamos de calcular a mano a tener calculadora. El que entiende qué operación corresponde sigue siendo indispensable; el que solo apretaba botones, no. El ingeniero que viene no es el que tipea más rápido, es el que sabe qué preguntar y cómo validar la respuesta.
La IA no te quita el criterio. Te da la opción de dejar de usarlo