Sin IA en el proceso. El costo de verificar lo ponen dos cosas: el tamaño de la suite y la coordinación entre personas.
Es el ayer, y conviene documentarlo con cuidado por una razón práctica: buena parte de lo que hoy se discute como "problema de QA en la era de la IA" ya existía acá, intacto. Una suite lenta, un ambiente compartido por el que se pide turno, y un traspaso entre quien programa y quien prueba no son problemas que trajo la IA. Son problemas que la IA hizo visibles al saturarlos.
Un equipo que no resuelve este nivel no gana nada agregando agentes. Gana más desorden, más rápido.
Un humano tiene que escribir a mano un test que no verifica nada. Pasa, y más de lo que se cree, pero no a escala.
Lo que sí abunda en este nivel es su espejo: la flakiness. Los datos de Google muestran que el 84% de las transiciones de verde a rojo involucran un test intermitente y no un bug.
La patología típica de este nivel tiene una forma reconocible:
Las tres cosas hay que moverlas, y en este orden: