Hay temporadas en que una cree que está lejos de Dios.
Yo lo creí.
Pensé que, al alejarme del ministerio, también me había alejado de Él. Dejé atrás los servicios, las reuniones, las prisas y las agendas repletas… y, de pronto, mis días comenzaron a parecer todos iguales.
🍽️ Lavar platos.
🥘 Preparar la comida.
🍞 Pensar qué hacer para la once.
🧺 Doblar ropa.
Y así, día tras día, volver a empezar.
Confieso que muchas veces lo hice sintiéndome frustrada, como si mi vida espiritual hubiera quedado suspendida entre ollas, quehaceres y una cocina que nunca terminaba de ordenar.
Pero Dios tiene una forma tan distinta de salir a nuestro encuentro.
Este escrito nació entre lágrimas silenciosas que jamás aparecerán en fotografías ni serán contadas en testimonios públicos. Lágrimas de cansancio, de enojo reprimido, de recuerdos que pesan y de oraciones que aún no han recibido respuesta.
Entonces comencé a descubrir que…
🌧️ Te he encontrado en la sombra de un día gris.
🍽️ Te he encontrado frente al lavaplatos, entre la loza sucia de mi cocina.
🦋 Te he encontrado en las alas de una mariposa, recordándome que la libertad también llega de maneras inesperadas.
🌾 Te he encontrado en ese susurro de paz que apareció cuando el caos y la neblina no me dejaban ver.
Y entonces entendí algo que jamás había aprendido mientras servía tan ocupadamente.
Tú nunca habías abandonado mi vida.
El problema era que yo seguía buscándote solo en los lugares donde antes te había encontrado.