Re:A new world or a new opportunity Temporada 1 – El comienzo de todo.Era un viernes común, de esos días que parecen arrastrarse sin rumbo, con el sol brillando alto y un cielo tan azul que casi dolía mirarlo. Las clases habían terminado hacía unos minutos, y yo caminaba por los pasillos de la escuela arrastrando los pies, la mochila colgando de un solo hombro, casi como si no tuviera peso.—Eh… Bastian, ¿vas a la práctica de hoy? —preguntó Kaito desde atrás, su voz alegre y un poco burlona.—No… hoy paso —respondí, encogiéndome de hombros mientras miraba al suelo.Kaito frunció el ceño, pero decidió no insistir. Me dejé caer en mi asiento junto a la ventana, viendo cómo la luz del sol se filtraba entre las hojas de los árboles del patio. Los demás alumnos reían, hablaban de los exámenes, de quién iba a ver qué anime ese fin de semana… todo parecía tan distante.Suspiré.—Otra vez… —murmuré para mí mismo.Durante años había sido bueno en todo. Deportes, exámenes, música… siempre destacaba. Mis padres siempre parecían orgullosos, aunque nunca lo dijeron con demasiada emoción. Pero algo cambió. Lentamente, todo se desvaneció. Mis notas cayeron, los partidos los perdía, las canciones sonaban torpes. Y ahora, simplemente… no lograba nada.—Bastian, ¿estás escuchando? —La voz de la profesora me sacó de mis pensamientos.—Sí, sí —respondí, apenas levantando la cabeza.Su rostro se confundió, como si supiera que algo estaba mal, pero decidió no insistir. Volví a mirar por la ventana. Los rayos de sol iluminaban el patio, pero en lugar de calidez, solo sentí un vacío. Mis manos se aferraban a la mochila, y un pensamiento cruzó mi mente: “Tal vez ya no soy bueno para nada”.—Genial… —susurré, y una pequeña risa amarga escapó de mis labios.Me levanté antes de que la campana sonara, caminando hacia la salida. Mis pasos eran lentos, mecánicos, y mientras atravesaba los pasillos, escuchaba los murmullos de los compañeros hablando de planes de fin de semana, despreocupados, felices. Me sentí… fuera de lugar, como si algo en mí estuviera roto, y no pudiera encajar en este mundo común.—¿Qué esperaba? —pensé mientras abría la puerta principal y salía al patio—. ¿Que apareciera un portal mágico, me llevara a otro mundo y yo fuera el héroe con chicas bonitas a mi alrededor?El viento fresco me golpeó la cara, y por un momento sentí alivio. Pero solo por un instante. Mientras caminaba hacia la calle, un extraño temblor recorrió el suelo. Primero leve, casi imperceptible. Luego más intenso, como si el mundo mismo respirara y de pronto contuviera el aliento.Miré hacia abajo y el suelo empezó a desvanecerse.—¡Eh…! —grité, pero mi voz no llegó a ningún lado.La sensación fue como ser arrancado de mí mismo. La realidad se dobló, la luz se volvió difusa, y mi cuerpo flotó sin control. No había tiempo para miedo, para reacción, solo oscuridad, un vacío que me tragaba por completo.Cuando la luz volvió, abrí los ojos y mi respiración se cortó.El aire era distinto, más denso y limpio. Estaba en medio de una ciudad que parecía salida de un libro antiguo: calles empedradas, edificios de piedra, techos altos y ventanas estrechas. La gente caminaba con ropas que jamás había visto; no había autos, ni teléfonos, ni siquiera señales de la tecnología moderna que había dado forma a mi vida anterior.—¿Dónde… estoy? —murmuré, sintiendo un escalofrío recorrer mi espalda.El mundo que conocía había desaparecido, y delante de mí se abría uno completamente nuevo. Un lugar que prometía aventuras… pero también peligro. Mi corazón latía con fuerza, no de miedo, sino de algo que hacía tiempo no sentía: curiosidad, y quizá, un pequeño hilo de esperanza.—Esto… no puede ser real.Me pellizqué el brazo. Dolió.—No es un sueño…Mi corazón empezó a latir con fuerza. Confusión, miedo… pero también algo más. Una emoción que no sentía desde hacía mucho tiempo.Esperanza.—Tal vez… —susurré— esta sea una oportunidad.Una oportunidad para empezar de nuevo. Para volver a ser bueno en algo. Para cambiar mi vida.Decidí moverme. Caminé por la ciudad, observando todo con atención, tratando de entender dónde estaba. Después de investigar un poco, sin darme cuenta, terminé alejándome de las zonas concurridas. Las calles se volvieron más estrechas, la luz más tenue. Hasta que entré en un callejón.Era oscuro, solitario, y el silencio pesaba demasiado.—Esto no me gusta… —pensé.Entonces los vi.Tres sujetos salieron de las sombras. Sus miradas eran frías, y sus sonrisas, desagradables.—Oye, chico —dijo uno—. Tira todo lo que traigas y tal vez salgas ileso.Mi cuerpo se tensó. No tenía nada de valor, pero aun así el miedo me paralizó.—Y si no… bueno, ya sabes —agregó otro, tronándose los nudillos.No sabía qué hacer. No podía correr. No podía pelear.Y justo cuando pensé que todo había terminado——¿No les da vergüenza atacar a alguien indefenso?Una voz clara y firme resonó en el callejón.Los hombres se giraron. Frente a ellos apareció una chica de cabello largo y azul, tan hermoso que parecía brillar incluso en la oscuridad. Sus ojos eran amables, pero había una determinación inquebrantable en su mirada.—Lárguense —dijo—. Ahora.No supe qué pasó exactamente. Todo ocurrió muy rápido. Los sujetos retrocedieron, como si algo invisible los hubiera intimidado, y terminaron huyendo del lugar.Yo me quedé ahí, inmóvil.—¿Estás bien? —preguntó la chica, acercándose a mí.—S-sí… creo —respondí, todavía en shock.Ella sonrió con suavidad.—Me alegra.Fue entonces cuando lo noté.Flotando a su lado había una pequeña criatura con forma de gato, de apariencia extraña pero adorable.—Miau~ —dijo—. Puck se alegra de que estés a salvo.—¿Un… gato que habla?—¡Oye! Soy un espíritu —respondió indignado.La chica soltó una pequeña risa.—Mi nombre es Ryo —dijo—. Y él es Puck, mi espíritu.—Yo… —dudé un instante—. Encantado.Hablamos un poco más. Me explicó que había perdido algo muy importante para ella. Una insignia.Sin pensarlo demasiado, dije:—Te ayudaré a buscarla.Ryo me miró sorprendida.—¿En serio? No tienes por qué hacerlo.—Quiero hacerlo —respondí—. Además… no tengo nada mejor que hacer ahora mismo.Ella sonrió, una sonrisa cálida que me hizo sentir algo extraño en el pecho.Así, sin saberlo, comencé una búsqueda que cambiaría mi destino… y el del mundo entero.Llevábamos horas buscando. Las calles por las que pasábamos se volvían cada vez más estrechas, más sucias, más silenciosas. La gente nos observaba desde las sombras, con miradas cansadas y desconfiadas. Priestella ya no era la ciudad luminosa del inicio; ahora mostraba su rostro más crudo.—No hay pistas… —murmuré, frustrado—. Hemos recorrido medio reino.Ryo bajó la mirada, apretando los puños con fuerza. Puck flotaba a su lado, en silencio, algo raro en él.—La insignia es importante —dijo finalmente—. Sin ella no puedo demostrar que soy candidata.Asentí. Aunque no entendía del todo el peso de esas palabras, podía sentir su desesperación.Fue entonces cuando llegamos a los barrios bajos.El aire era pesado, olía a humedad y óxido. Las casas estaban medio derruidas, las luces eran escasas y la noche parecía más oscura que en cualquier otro lugar del reino. Aquí vivían los olvidados, los que nadie quería ver.—Ten cuidado —susurró Puck—. Este lugar no es seguro.Avanzamos unos pasos más… y entonces la vimos.Una chica de cabello rubio despeinado, ropa vieja pero resistente, mirada desafiante. Sostenía algo en la mano.—¿Eso es…? —Ryo dio un paso al frente.La chica sonrió de lado.—¿Buscas esto? —dijo, levantando la insignia—. Pues llegó tarde, princesa.—Devuélvela —pidió Ryo con firmeza—. No te causaremos problemas.—¿Devolverla? —la chica soltó una carcajada—. ¿Sabes cuánto vale esto?Me puse delante de Ryo sin pensarlo.—Podemos negociar —dije, aunque por dentro temblaba—. No queremos pelear.La chica nos observó unos segundos. Parecía pensarlo.Pero entonces… el aire cambió.Un sonido de pasos suaves resonó detrás de nosotros.—Qué escena tan encantadora.Una voz femenina, fría y burlona.Giré lentamente la cabeza.Detrás de nosotros estaba una mujer alta, de cabello largo y plateado, vestida de negro. Su sonrisa era elegante… pero sus ojos eran los de un depredador.—Me llamo Elsa —dijo—. Y vine a comprar esa insignia.La chica rubia, Felt, frunció el ceño.—Ya la vendí —respondió—. Y no me interesa tu dinero.Elsa ladeó la cabeza, como si estuviera decepcionada.—Qué lástima… entonces tendré que matar a todos los presentes.Mi cuerpo se heló.—¿Matar…? —pensé—. ¿Así de fácil lo dijo?Sin esperar respuesta, Elsa se lanzó hacia nosotros.—¡Ryo, atrás! —grité.Me moví por puro instinto. No sabía pelear, no tenía magia, no tenía nada… pero aun así me interpuse. El golpe pasó rozándome; sentí el frío de la muerte en el cuello.—Interesante —dijo Elsa—. Un humano que no huye.Intenté atacarla, pero fue inútil. Cada movimiento mío era lento, torpe. Ella me superaba en todo. Caí al suelo, sin aire, con el cuerpo temblando.—Así que este es tu protector —se burló—. Qué frágil.Intenté levantarme. Mis piernas no respondían.—No… puedo… morir aquí… —pensé con rabia.Entonces——Eso es suficiente.Una voz firme, tranquila.Un joven apareció en medio del callejón. Alto, de cabello rojo intenso, postura recta. Portaba una espada… pero su presencia por sí sola hacía que el aire vibrara.Elsa se quedó inmóvil.—Tú… —susurró—. No puede ser.El joven dio un paso al frente.—Mi nombre es Reinhart van Astrea.Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo.—¿Astrea…? —pensé—. ¿Ese apellido…?—El caballero más fuerte del reino es el top global número 1 —dijo Elsa, chasqueando la lengua—. El número uno.Reinhart la observó con calma.—Retírate —dijo—. No habrá segunda advertencia.Elsa sonrió, excitada.—He querido probarte desde hace tiempo.El combate comenzó en un instante.Elsa atacó con todo lo que tenía. Movimientos mortales, precisos, rápidos. Pero Reinhart los esquivaba como si pudiera ver el futuro. Ni un solo ataque lo tocó.—Imposible… —murmuró Felt desde atrás.Reinhart miró alrededor, y entonces vio algo apoyado contra una pared: una espada de madera.La tomó.—Con esto será suficiente.Levantó la espada… y el mundo pareció detenerse.Un rayo azul explotó desde su posición, atravesando el callejón con una fuerza abrumadora. Elsa fue alcanzada de lleno y lanzada contra las paredes, desapareciendo entre el polvo y los escombros.Silencio.Mi corazón latía con fuerza.—¿Qué… fue eso…? —pensé, incapaz de comprenderlo.Reinhart bajó la espada y se giró hacia nosotros.—¿Están bien?Ryo asintió lentamente.Yo apenas podía respirar… pero algo dentro de mí ardía.Por primera vez desde hacía mucho tiempo…Sentí que quería ser fuerte.Reinhart observó los escombros en silencio.—Ya terminó… —pensó.Guardó la espada de madera y caminó hacia nosotros con tranquilidad.—El peligro ha pasado —dijo con una leve sonrisa.Ryo soltó el aire que había estado conteniendo. Felt bajó la guardia por un instante.Y entonces—Un crujido.Desde entre los restos destruidos, una figura se levantó lentamente.—¿Eh…? —murmuré.Elsa.Su cuerpo estaba herido, su ropa rasgada, pero su sonrisa seguía intacta… más torcida que antes.—De verdad… —susurró—. Casi me matas.En un parpadeo, Elsa desapareció.—¡Ryo! —grité.Elsa apareció justo frente a ella, su arma descendiendo directo al cuello.Pero—¡CLACK!Un sonido seco.Me moví sin pensar.Tomé un bate de madera que estaba tirado en el suelo y lo interpuse entre Elsa y Ryo, deteniendo el ataque por pura fuerza de voluntad.—¡No… la toques…! —grité, temblando.Elsa abrió los ojos con sorpresa.—¿Tú…?Su ataque no había alcanzado a Ryo.Chasqueó la lengua con fastidio.—Qué molestia…En un instante, retrocedió, saltando hacia los tejados hasta desaparecer en la oscuridad.Silencio otra vez.Solté el bate. Mis manos temblaban.—No pasó nada… —pensé—. Estoy bien…—¿Cómo…? —escuché la voz de Reinhart detrás de mí—. ¿Cómo resististe ese ataque?Intenté responder.Pero entonces sentí algo caliente.Bajé la mirada.Una herida profunda atravesaba mi estómago. La sangre empapaba mi ropa.—Ah… —fue lo único que salió de mi boca.Mis piernas cedieron.El mundo giró.Y todo se volvió negro.Cuando perdí la conciencia, la noche siguió su curso.Reinhart sostuvo mi cuerpo antes de que cayera al suelo.—Esto es extraño… —murmuró—. Muy extraño.Ryo estaba arrodillada a mi lado, pálida.—¿Está vivo…? —preguntó con la voz temblorosa.—Sí —respondió Reinhart—. Pero esa herida debería haberlo matado.Reinhart se giró lentamente hacia Felt.—Un segundo.La miró fijamente.—Tú vienes conmigo.—¿Eh? ¡Oye, espera! —protestó Felt.Reinhart alzó la mano suavemente.—No temas.Una luz tenue envolvió a Felt. En segundos, cayó dormida.—Una de mis bendiciones —explicó—. Dormirá sin dolor.Ryo frunció el ceño.—¿Qué planeas hacer?—No le haré daño —dijo Reinhart—. Solo quiero comprobar algo.Luego miró a Ryo otra vez.—Por cierto… ¿conoces a este chico?Se refería a mí.Ryo negó con la cabeza.—No. Nunca lo había visto antes de hoy.Reinhart guardó silencio unos segundos.—Ya veo…Miró la herida, mi rostro inconsciente.—Entonces… cuídalo bien.Ryo lo miró sorprendida.—¿Eh?—Si no hubiera problema —continuó Reinhart—, podría llevármelo como mi invitado.Ryo apretó los labios… y negó con la cabeza.—Yo lo llevaré conmigo.Reinhart sonrió levemente.—Está bien.Cargó a Felt sobre su hombro.—Nos veremos de nuevo.Antes de irse, alzó la mirada al cielo.La luna brillaba, tranquila… demasiado tranquila.—La luna está muy calmada esta noche —dijo—. Tal vez… sea la última vez que la veamos así.Y desapareció entre las sombras.La noche siguió.Pero algo en el mundo… ya había empezado a romperse .

Capítulo 2 – La Mansión del HechiceroLa primera sensación fue el silencio.Un silencio pesado, casi antinatural, distinto a cualquier noche en la ciudad. No había gritos, ni pasos, ni el sonido distante del viento entre edificios. Solo una calma profunda, que pesaba sobre los hombros como un manto invisible.Abrí los ojos lentamente. El techo era alto, blanco, con detalles finos que recordaban la arquitectura de palacios antiguos. Las cortinas dejaban pasar la luz del sol de la mañana, iluminando una habitación amplia, demasiado lujosa para ser un simple hospital.—¿Dónde… estoy…? —murmuré, con voz débil.Intenté moverme, pero un dolor punzante en el abdomen me detuvo de inmediato.—No te muevas —dijo una voz tranquila, cercana pero firme.Giré la cabeza. Allí estaba Ryo, sentado en un sillón cerca de la cama, con expresión seria pero aliviada al verme despierto.—Estás a salvo —continuó—. Esta es la mansión de Roswal L. Mathers.—¿Roswal…? —pregunté, intentando recordar lo que había pasado.—El hechicero más poderoso del Reino de Priestella —respondió Ryo—. También es mi patrocinador.Poco después, la puerta se abrió. Entró un hombre alto, con cabello multicolor y un maquillaje que lo hacía parecer más una obra de arte que una persona. Su ropa era extravagante, desafiando cualquier estándar de elegancia, y su sonrisa era amplia… pero inquietante.—Oooh~ ya despertaste —dijo alargando las palabras, con una voz que parecía llenar toda la habitación—. Qué alivio, qué alivio~Era Roswal L. Mathers. Su sola presencia hacía que el aire se sintiera más denso, más pesado.—Fuiste traído aquí después de tu pelea en la capital —continuó, con un tono de diversión mezclada con curiosidad científica—. Una herida muy peligrosa para alguien… sin entrenamiento~Me observaba como si yo fuera un experimento interesante, un sujeto cuya reacción podía enseñarle algo sobre el mundo.Las Sirvientas y el EspírituLos días posteriores Mi cuerpo aún estaba débil, no solo por las heridas físicas, sino por el peso invisible de la derrota. Había algo humillante en perder… pero también algo honesto. Algo que no podía ignorar. Permanecer en la mansión, sin embargo, me obligó a detenerme. A respirar. A observar.Fue entonces cuando las conocí.Las sirvientas.La primera vez que las vi, pensé que eran simples empleadas. Mujeres elegantes, uniformadas, silenciosas. Pero esa ilusión duró poco.Sus movimientos eran demasiado precisos.Demasiado… perfectos.Una de ellas colocó una taza frente a mí.Ni una gota se derramó.Ni un sonido innecesario.—Aquí tiene, Peka-sama —dijo con una leve reverencia.Su voz era suave… pero sus ojos no.Esos ojos eran los de alguien que sabía pelear.Los de alguien que había sobrevivido.—Gracias… —respondí, un poco incómodo.Ella sonrió.Pero no era una sonrisa cálida.Era una sonrisa profesional.Cuando se fue, solté el aire lentamente.No son normales…Lo supe entonces.Esa mansión no era un lugar común.Ninguno de sus habitantes lo era.Pero ella…Ella era diferente.La conocí en silencio.Ni siquiera escuché sus pasos.Porque no caminaba.Flotaba.Una niña pequeña.Cabello rubio claro, casi dorado, cayendo en bucles perfectos. Su vestido parecía demasiado elegante para su tamaño, y sus ojos… sus ojos no eran los de una niña.Eran antiguos.Cansados.Vacíos.—Tú eres el nuevo —dijo sin emoción.Su voz era aguda, pero firme.—Soy Beatriz, supongo.BeatrizSe cruzó de brazos.Me observó como si yo fuera un objeto.No una persona.—Soy Peka —respondí.Ella no reaccionó.No sonrió.No asintió.Nada.Solo me miró unos segundos más.Y luego habló.—No te encariñes, supongo.Parpadeé.—¿Qué?Ella desvió la mirada.—Los humanos siempre desaparecen.Lo dijo con indiferencia.Como si hablara del clima.Pero algo en su voz…Algo en su voz dolía.No respondí.No sabía qué decir.Porque por primera vez…Sentí que esa niña no estaba hablando por crueldad.Sino por experiencia.Después descubrí la verdad.Beatriz no era humana.Era un espíritu artificial.Había vivido más de quinientos años.Quinientos años…Tratando con humanos que nacían…Vivían…Y morían.Mientras ella permanecía.Sola.Su biblioteca se convirtió en mi refugio.Era un lugar silencioso, lleno de polvo y conocimiento.Libros antiguos.Prohibidos.Peligrosos.Ahí, el tiempo no existía.Solo éramos ella y yo.A veces leía.A veces entrenaba.A veces…Solo la observaba.Siempre estaba sentada.Siempre sola.—Beatriz —le pregunté un día, apoyado contra un estante—. ¿Te gusta este lugar?Ella no levantó la mirada de su libro.—No es una cuestión de gusto, supongo.Pasaron unos segundos.—Es mi razón de existir.No supe qué responder.Porque en sus palabras…No había orgullo.Solo resignación.Otro día, decidí bromear.Tal vez para romper ese ambiente pesado.—Oye, Beatriz.Ella suspiró.—¿Qué quieres ahora, supongo?Sonreí un poco.—¿Quién es más fuerte? ¿Tú o Roswal?Ella respondió de inmediato.Sin dudar.—Obviamente Roswal.RoswalLuego levantó la mirada.Sus ojos brillaron levemente.—Pero…Hizo una pausa.—No sería fácil derrotarme, supongo.Sentí un escalofrío.No lo dijo con arrogancia.Lo dijo como un hecho.Como una verdad absoluta.En ese momento lo entendí.El verdadero poder…No necesita presumirse.No necesita demostrarse.Simplemente existe.Beatriz cerró su libro.—Tú también buscas poder, supongo.La pregunta me tomó por sorpresa.—Yo…No supe responder.¿Busco poder?¿O busco algo más?Ella me observó en silencio.Como si pudiera ver dentro de mí.—Ten cuidado —dijo finalmente—. El poder sin un corazón… solo crea vacío, supongo.Luego volvió a su libro.La conversación terminó.El Mundo y Sus CaminosMientras sanaba, Roswal me permitió aprender sobre el mundo que me rodeaba. No era un lugar dividido solo por razas o reinos, sino por caminos de poder.Existían tres grandes maestrías:Caballeros: guerreros entrenados en espada y artes marciales, algunos bendecidos por el mundo mismo.Hechiceros: usuarios de maná capaces de manipular elementos, espacio y leyes mágicas.Demon Hunters: cazadores especializados en demonios, maldiciones y entidades prohibidas.Por encima de todo, existía un Top 10 global, individuos cuya sola existencia podía alterar el equilibrio de naciones enteras. Aquí había cambios importantes respecto a la precuela:Reinhart van Astrea: Top 1. Su bendición extraordinaria, más de 200 dones combinados, lo consolidaba como supremacía entre caballeros y humanos (antes Top 6 en la precuela).Gojo Satoru: Top 2. Ascenso que lo consolidaba como hechicero supremo entre mortales (antes Top 3 en la precuela).Orsted, el Dios Dragón: Top 3. Sigue inmenso en poder, pero baja en relevancia frente a humanos y hechiceros activos.Roswal L. Mathers: Top 4, mentor clave y hechicero experto.Rei Saiga / Rei / Psyger: Top 5. Ascenso por desarrollo y poder tras los eventos de la precuela.Cecilus Segmunt: Top 6. Posición estable en la élite.Dola: Top 7. Poder divino intacto, pero más distante de los rankings humanos.Makima, Sung-You, Alfred: Top 8-10, nuevos talentos emergentes tras la precuela.Geto: ya no aparece en la lista principal, reflejando su aislamiento tras la caída moral.El mundo estaba lleno de amenazas: monstruos, bestias mágicas, demonios, maldiciones y cultos prohibidos. Existían ocho continentes, cada uno con su propia política, clima y conflictos internos. Estábamos en Aqualis, hogar de reinos como Priestella, Kararagi y Vollachia, entre otros.Las BendicionesUno de los conceptos que más me impactó fueron las Bendiciones, dones otorgados por la misteriosa entidad Old Laguna, de quien poco se sabía.Se clasificaban por rareza:Comunes: 1 de cada 1,000 personas. Muchas inútiles o incluso peligrosas.Raras: 1 de cada 2,000 personas. Útiles para vida o combate.Especiales: 1 de cada 10,000 personas. Capaces de cambiar el destino.Imposibles: 1 de cada 50,000 personas. Bendiciones que desafiaban las leyes del mundo.Brujas, Demonios y MaldicionesAprendí sobre Satella, la Bruja de los Celos, cuya existencia por amor cometió atrocidades inimaginables. Su nombre provocaba miedo y silencio.Roswal también me explicó la existencia de demonios únicos, casi mitológicos:Demonio del ControlDemonio de las ArmasDemonio MotosierraY, por supuesto, las maldiciones, espíritus malignos nacidos del odio y miedo humano, desde débiles hasta especiales, como Sukuna o Mahito, capaces de destruir ciudades. Solo los hechiceros con técnicas especializadas podían enfrentarlas.Una Nueva OportunidadCon cada día que pasaba, mi mente se llenaba de conocimiento y advertencias. Este mundo era cruel y peligroso, sí… pero también me ofrecía algo que nunca había tenido: una oportunidad de sobresalir.—Tal vez… aquí sí pueda ser bueno en algo —pensé, observando los jardines interminables de la mansión.Un sentimiento que hacía años no experimentaba comenzó a crecer dentro de mí. No era miedo, ni ansiedad. Era entusiasmo.Sin saberlo, ese mismo entusiasmo sería lo primero que este mundo intentaría arrebatarme.

Capítulo 3 – El Viento Más DébilLos días en la mansión comenzaron a pasar con una calma extraña.Para el protagonista, aquello ya era una victoria. No había gritos, ni desprecio, ni miradas de lástima. Solo un lugar donde podía intentar… empezar de nuevo.—Hoy entrenaremos —dijo Ryo una mañana.A su lado flotaba Puck, bostezando.—No esperes milagros —añadió el espíritu—. La magia no es algo que se domine de un día para otro.El entrenamiento comenzó en uno de los jardines traseros de la mansión.Puck fue directo al grano.—La magia se divide en muchas ramas —explicó—. Pero todo nace del mismo origen: el maná.Primero, los elementos:FuegoAguaTierraVientoHieloRayoHydro, Pyro, Electro, y otros derivadosLuego estaban las magias especializadas:Curación: sanación, desintoxicación, barreras.Magia Divina: efectiva contra entidades incorpóreas.Invocación: espíritus, familiares.Magia Combinatoria: mezcla de varios atributos.Hechizos avanzados como Teletransportación, técnicas únicas como el Aullido o la Espada de Luz.—¿Y yo… cuál puedo usar? —preguntó el protagonista.Puck lo observó en silencio.—Viento.El elemento más débil.El más inestable.El más difícil de controlar… y el menos destructivo en manos inexpertas.Aun así, cuando el protagonista extendió la mano y sintió el maná fluir por primera vez, una pequeña ráfaga se formó.Era mínima.Pero era real.—Lo lograste —dijo Ryo con una leve sonrisa.Durante el entrenamiento, Puck también habló de los Arcontes.—Son dioses que gobiernan las ocho naciones del mundo —explicó—. Cada uno representa un elemento y un ideal. Usan una Gnosis para canalizar el poder del mundo y otorgan Visiones a los mortales.No todos habían sido dioses desde el inicio. Algunos ascendieron tras la Guerra de los Arcontes, hace dos mil años.—Anemo, Electro, Dendro, Hydro, Pyro… —murmuró el protagonista—. Dioses…Ese mismo día, decidió retar a Ryo.El combate fue corto.El hielo de ella superó al viento del protagonista sin dificultad.—Te falta experiencia —dijo Ryo con suavidad.Aun así, no se sintió mal.Había perdido… pero había peleado.El capítulo cerró con algo simple pero importante:el protagonista pidió trabajo en la mansión.Quería quedarse.Quería aprender. Capítulo 4 – La Diferencia AbsolutaEl entrenamiento continuaba sin descanso. Cada amanecer traía un nuevo desafío, cada atardecer dejaba cicatrices y aprendizaje en el cuerpo del protagonista. El aire alrededor vibraba con energía mágica, y él aprendía a escucharlo, a sentir cómo el viento podía responder a sus pensamientos, a sus intenciones.Pequeñas cuchillas de aire se formaban y cortaban las hojas secas del bosque circundante. Ráfagas defensivas desviaban proyectiles invisibles, impulsos de viento lo movían más rápido de lo que sus piernas podían hacerlo por sí solas. Cada movimiento era más preciso, más seguro.—Ya no eres principiante —dijo Puck con una sonrisa seria, mientras observaba cómo el protagonista levantaba otra ráfaga de viento que atravesaba el aire como un látigo invisible—. Ahora eres aprendiz.El protagonista asintió, sintiendo que su progreso era real. Los niveles de magia, antes conceptos abstractos, ahora tenían sentido palpable: Principiante, Aprendiz, Avanzado… y muchos más. Catorce en total, cada uno representando décadas de estudio, sacrificio y resistencia.—Llegar a los rangos altos puede tomar décadas —añadió Puck, su voz grave en el silencio del bosque—. O puede que nunca llegues.Con más confianza que nunca, el protagonista volvió a desafiar a Ryo. Esta vez, no se trataba de fuerza bruta. El viento ya no era un simple empujón; lo rodeaba, lo dirigía, cortaba y desviaba con intención. Por un momento, el hielo y la defensa de Ryo parecieron inútiles, como si el aire mismo se rebelara a su favor.Sin embargo, incluso en ese instante de aparente triunfo, el límite apareció. El maná del protagonista se agotó de forma abrupta. Sus rodillas tocaron el suelo con un golpe seco, su cuerpo debilitado y tembloroso.—Ese es tu mayor problema —explicó Puck, inclinándose un poco hacia él—. El maná es la energía que alimenta toda la magia. Está en todo el mundo, pero tu reserva es limitada. Si la fuerzas sin control, se agota rápido.El protagonista tragó saliva, frustrado por la derrota. No era humillante, pero la sensación de impotencia era abrumadora. Y mientras se incorporaba lentamente, sintió una presencia diferente.—¿Quieres pelear conmigo? —preguntó una voz confiada, que parecía llenar el aire con calma absoluta.Roswal L. Mathers estaba frente a él. Su postura era relajada, casi despreocupada, pero su aura transmitía una fuerza que hacía temblar la tierra bajo sus pies. El combate comenzó antes de que el protagonista pudiera reaccionar, y terminó en segundos. No hubo espectáculo, no hubo errores: simplemente una diferencia abismal de poder.—No tengo muchas bendiciones —dijo Roswal, su sonrisa ligera y segura—. Pero poseo una especial: la Bendición de la Hechicería.Se detuvo por un instante, como dejando que sus palabras calaran.—Compatibilidad con seis elementos mágicos. Eso me coloca entre los cinco hechiceros más poderosos del mundo, número cuatro en la clasificación global.El protagonista sintió una mezcla de respeto y temor. La diferencia era clara: no todos nacían iguales, no todos podían alcanzar las alturas de poder sin un don especial o un esfuerzo titánico. Y, sin embargo, había algo que lo impulsaba a no rendirse.—Quiero seguir entrenando —dijo con determinación, respirando profundamente mientras observaba a Roswal—. No importa cuánto deba esforzarme.Roswal sonrió ampliamente, un gesto que mezclaba diversión y aprobación.—Entonces… tal vez este mundo aún no te ha roto.Mientras tanto, lejos de la mansión y de los campos de entrenamiento, fuerzas invisibles se movían. Poderosos hechiceros, políticos ocultos y criaturas que no respetaban leyes humanas comenzaban a alinearse, marcando movimientos que el protagonista aún no podía comprender. El mundo seguía girando, y su destino no sería decidido solo por esfuerzo, sino por cómo enfrentaría estas fuerzas que superaban cualquier entrenamiento.En este momento, en el corazón del protagonista, surgió un recuerdo tenue: Cinco años antes, el mundo mágico era un lugar salvaje y peligroso. Magos poderosos actuaban como guardianes de los humanos, y entre ellos se destacaban dos leyendas en ascenso: Gojo Satoru y Suguru Geto. Juntos, derrotaban maldiciones imposibles, equilibrando fuerza y estrategia. Pero la aparición de Toji Fushiguro cambió todo. Su ausencia de energía maldita y habilidad sobrehumana permitió herir a Gojo y asesinar a Riko Amanai, dejando a Geto marcado por la impotencia y la tragedia. Desde entonces, Geto eligió un camino oscuro, protegiendo solo a los hechiceros y alejándose de aquellos que consideraba corruptos. La amistad que alguna vez existió entre Gojo y Geto se rompió, y el mundo no volvería a ser el mismo.El protagonista entendió, aunque todavía de manera vaga, que su propio entrenamiento y sus desafíos eran solo un pequeño reflejo de conflictos mucho mayores. Las decisiones, las pérdidas y los sacrificios que enfrentaría no solo definirían su poder, sino su esencia.Mientras el sol se ponía detrás de la mansión, bañando los campos de entrenamiento en una luz dorada, el protagonista levantó la vista hacia el cielo y respiró hondo. Cada ráfaga de viento que danzaba a su alrededor parecía susurrarle: “Esto es solo el principio”. Y él supo que, aunque el mundo no era justo, no estaba dispuesto a dejar que eso lo detuviera.Capítulo 5 – La Noche en que los Niños DesaparecieronEl pueblo cercano al dominio de Roswal era pequeño, rodeado de campos verdes y caminos de tierra. No tenía murallas ni grandes defensas, pero estaba lleno de vida. El protagonista caminaba por las calles con curiosidad, saludando a los pobladores, quienes lo miraban con cierta desconfianza al inicio, pero poco a poco se mostraban amables.Los niños fueron los primeros en acercarse.—¡Oye, forastero! ¿Sabes pelear?—¿Vienes de la mansión del marqués?Sus risas eran contagiosas. El protagonista terminó jugando con ellos, corriendo por el campo, escuchando historias simples pero llenas de vida. Por primera vez desde que llegó a este mundo, se sintió… útil. Presente.Pero cuando cayó la noche, algo no estaba bien.Las risas desaparecieron.Uno por uno, los niños no regresaron a sus casas.El silencio se volvió pesado.El protagonista sintió un nudo en el pecho.—No… esto no puede estar pasando —pensó.Desesperado, regresó a la mansión temporal donde se alojaban Ram y Rem. Les contó todo, casi sin respirar. Al inicio, Ram cruzó los brazos, molesta.—No es nuestro trabajo cuidar aldeanos —dijo con frialdad.Pero Rem observó el rostro del protagonista. Su preocupación no era fingida.—Ram… —dijo en voz baja—. Algo no está bien.Finalmente, aceptaron.El bosque nocturno era denso, húmedo, y lleno de presencias. Las sombras parecían moverse solas. Pronto aparecieron las mabeastias, criaturas deformes con ojos brillantes y colmillos retorcidos.Ram y Rem se movían con precisión.Magia, cadenas, fuerza demoníaca.El protagonista observaba, pero pronto entendió que no podía quedarse atrás.Entonces apareció la bestia líder.Era enorme, con un aura opresiva. El aire se volvió pesado.—Esta es mía… —pensó el protagonista, tragando saliva.El combate fue brutal.Usó todo lo que sabía de magia de viento, esquivando por poco ataques que habrían sido mortales. Cada golpe era un recordatorio de lo débil que aún era. En un momento, la criatura lo lanzó contra un árbol, dejándolo sin aire.Vio la muerte de cerca.Hasta que el cielo se iluminó.—Al Huma.Una gigantesca llamarada cayó del cielo.La bestia fue desintegrada.Roswal L. Mathers apareció, con su sonrisa habitual.—Buen trabajo —dijo con calma—. Mantuviste el control mientras no estaba~Los niños fueron encontrados con vida.Mientras regresaban a la mansión, solo el protagonista y Rem caminaban juntos. El silencio era distinto, cómodo.Fue entonces cuando Rem habló de su pasado.Del clan oni.De cómo Ram era considerada una diosa reencarnada… y ella solo una sombra.De cómo el Culto de la Bruja destruyó su aldea.De cómo Ram perdió su cuerno por protegerla.—Todo fue mi culpa… —susurró Rem.El protagonista apretó los puños.—No lo fue.Rem lo miró sorprendida.Esa noche, la mansión estaba en silencio.No el silencio tranquilo de un lugar en paz, sino uno más profundo… uno que parecía observar.Las velas parpadeaban suavemente en los pasillos, y las sombras se estiraban sobre las paredes como si tuvieran vida propia.En la oficina del señor de la mansión, la puerta se abrió sin hacer ruido.Ram entró con su elegancia habitual, cerrando detrás de sí con cuidado. Sus pasos fueron firmes, precisos, hasta detenerse frente al escritorio.Detrás de él, sentado con las piernas cruzadas y una sonrisa pintada en el rostro, estaba Roswal.Sus dedos tamborileaban suavemente sobre la madera.—¿Y bien~? —canturreó, inclinando ligeramente la cabeza—. ¿Qué opinas de nuestro nuevo invitado?Ram no respondió de inmediato.Sus ojos se mantuvieron fríos.Analíticos.—Es torpe —dijo finalmente.Su voz no tenía emoción.—Su control de maná es ineficiente. Su postura al caminar revela dudas. Y su mirada…Hizo una breve pausa.—Es la de alguien que no sabe cuál es su lugar.Roswal sonrió más.—Qué evaluación tan cruel~Ram continuó, sin cambiar el tono.—Es débil. Inútil. Y no representa ningún valor real para esta mansión.El silencio cayó entre ambos.Pero Roswal…Rio suavemente.—Fufufu…Apoyó su mejilla en su mano.—Ya veo~Sus ojos brillaron con un interés oscuro.—Entonces… ¿por qué sigues observándolo?Ram no respondió.Pero sus dedos se tensaron apenas.Un gesto tan pequeño que casi no existió.Roswal lo notó.Por supuesto que lo notó.—Ram… —susurró con diversión—. Tú no pierdes el tiempo con cosas inútiles~Ella desvió la mirada.—Solo cumplo mis deberes.Roswal sonrió más ampliamente.—Claro~Se inclinó hacia adelante.—Porque ese chico…Hizo una pausa.—Es interesante~La palabra quedó suspendida en el aire.Ram frunció el ceño apenas.—No lo entiendo.Roswal cerró un ojo.—Eso es lo divertido~El fuego de la vela parpadeó con más fuerza.—Los más débiles…Su sonrisa se volvió más profunda.—Son los que más bellamente se rompen…Ram guardó silencio.Pero por alguna razón…Esa noche…No pudo sacar a Peka de su mente.

Capítulo 6 – Un Héroe por un DíaEl protagonista despertó con la sensación cálida de algo que no experimentaba desde hacía mucho tiempo.Orgullo.La luz de la mañana entraba por la ventana en suaves tonos dorados, iluminando el polvo suspendido en el aire. Durante unos segundos, simplemente se quedó acostado, mirando el techo, dejando que ese sentimiento se asentara en su pecho.—…Salvé a alguien… —murmuró en voz baja.Sus dedos se cerraron lentamente sobre las sábanas.No había sido perfecto. No había sido elegante.Pero había llegado.Había hecho algo bien.Y eso… era suficiente.Cuando salió al jardín, la vio.Ryo estaba sentada en el borde de la fuente, con la espalda recta y la mirada perdida en el reflejo del agua. Su cabello plateado brillaba bajo el sol, moviéndose suavemente con el viento.Por un momento, dudó si acercarse.—Buenos días —dijo ella sin mirarlo.Él se detuvo.—…Buenos días.Se sentó a su lado. No demasiado cerca. No demasiado lejos.El silencio entre ellos no era incómodo.Era… tranquilo.—Ayer… —empezó él, pero no terminó.Ryo giró ligeramente el rostro.—Gracias.Solo una palabra.Pero fue sincera.Su pecho se tensó.Antes de que pudiera responder, una pequeña figura apareció flotando sobre el hombro de Ryo.Infló el pecho, cruzándose de brazos.—Y también porque yo estaba ahí, por supuesto.El protagonista sonrió un poco.—Oye, Puck… ¿qué tan fuerte eres realmente?El espíritu entrecerró los ojos, como si hubiera estado esperando esa pregunta toda su vida.—Fuerte.Hizo una pausa dramática.—Muy fuerte.Luego sonrió.—Soy el quinto espíritu más fuerte que existe.El protagonista parpadeó.—…¿Quinto?—El primero —continuó Puck con total naturalidad— es Yae Miko, un espíritu que reside en Inazuma. Es vieja… aterradora… y molesta.Se estremeció.—No querrías conocerla cuando está aburrida.El protagonista tragó saliva.Quinto.Y el primero…El mundo era mucho más grande de lo que había imaginado.Mucho más peligroso también.Antes de que pudiera hacer otra pregunta, el sonido de carruajes llegando rompió la calma de la mañana.Ryo se puso de pie.—¿Visitas…?Los sirvientes se movían con rapidez inusual.Algo importante estaba pasando.Cuando llegaron a la entrada, dos figuras ya estaban allí.La primera en hablar fue una persona de estatura media, cabello rosado y orejas de gato que se movían suavemente sobre su cabeza.Sonreía.No.Sonreía demasiado.—Buenos días a todos~ —canturreó con voz dulce—. Es un placer conocerlos.Hizo una pequeña reverencia, levantando ligeramente su falda blanca y azul.—Mi nombre es Felix, pero pueden llamarme Felix~Levantó un dedo con orgullo.—Caballero Imperial del Reino de Priestella… y el mejor sanador que existe en todo el reino.Lo dijo como si fuera un hecho obvio.Como si nadie pudiera cuestionarlo.Sus ojos, sin embargo…No eran simples.Habían visto guerra.Dolor.Muerte.Y la habían desafiado.A su lado, un hombre mayor permanecía en silencio.Alto.Recto.Su presencia era como una espada envainada.Calma.Pero mortal.—Wilgen van Astrea —se presentó con voz firme—. Caballero al servicio de la familia real.El aire pareció volverse más pesado.El protagonista sintió un escalofrío recorrer su espalda.Ese hombre era peligroso.No necesitaba demostrarlo.Simplemente… lo era.Felix dio un pequeño salto hacia adelante, mirando directamente a Ryo.—Hemos venido por ti~La sonrisa seguía ahí.Pero su mirada era seria.—La Selección Real está por comenzar.El mundo pareció detenerse.Ryo no respondió de inmediato.Sus dedos se cerraron ligeramente.—…Ya veo.El protagonista frunció el ceño.Selección Real.Eso significaba poder.Política.Peligro.Ryo giró hacia él.—No vendrás.La frase fue directa.Sin dudas.Sin espacio para discusión.—Es peligroso.Sus ojos eran firmes.Pero también…Protectores.El protagonista sintió algo romperse dentro de su pecho.—Yo…No terminó.No sabía qué decir.No sabía qué derecho tenía.En ese momento, una risa suave llenó el aire.—Ara~ ara~Todos se giraron.Roswal estaba apoyado contra la pared, observándolos como si todo fuera una obra de teatro creada para su entretenimiento.—No hay necesidad de ser tan estricta~Su ojo visible brilló.—Vamos todos~Su sonrisa se ensanchó.—Será divertido~El protagonista sintió frío.No físico.Algo más profundo.Instintivo.Porque esa sonrisa…No prometía nada bueno. Capítulo 7 – El Orgullo del CaballeroLa capital de Priestella era majestuosa.El protagonista caminaba fascinado, saludando a personas que ya conocía. Pero pronto conoció a otras candidatas.Priscilla Barielle, arrogante y deslumbrante, acompañada por All su caballero.Anastasia Hoshin, astuta y sonriente.Pero algo le molestó.Ryo hablaba animadamente con un caballero imperial: Julius.Sintió celos.Algo feo y pesado en el pecho.Priscilla lo notó.—¿Quieres entrar al castillo? —preguntó con una sonrisa peligrosa—. Ven conmigo.Dentro, todo salió mal.El protagonista habló sin pensar.Insultó a los sabios.Se burló de los caballeros imperiales.Ryo estaba avergonzada.Roswal sonreía.Las candidatas se divertían… excepto Crusch, que lo miró con pena.Se revelaron alianzas:Felix era el caballero de Crusch.Reinhart, el de Felt.El protagonista fue expulsado.Afuera, Julius lo retó.La pelea fue una humillación.Cada golpe destruía su orgullo.Terminó en el suelo, sangrando.Después, discutió con Ryo.Duras palabras.Errores.Consecuencias.El protagonista se quedó en la capital con Rem. Sus heridas eran graves. Felix aceptó tratarlo, pero tomaría tiempo.Mientras yacía en la cama, el protagonista pensó:—Tal vez… nunca fui un héroe.Y así terminó el arco. CAPÍTULO 8 El Precio de Convertirse en AlguienEl protagonista permaneció en la mansión de Crusch Karsten durante varios días. Sus heridas sanaban lentamente gracias a Félix, pero lo que más sanaba era algo que no podía verse: su orgullo roto empezaba a reconstruirse.Rem estaba siempre cerca.No hablaban demasiado, pero cuando lo hacían, el silencio se volvía cómodo. Ella lo escuchaba sin juzgar, sin exigirle que fuera un héroe. Poco a poco, dejaron de ser solo aliados… y se convirtieron en amigos de verdad.Cada mañana, Wilgen van Astrea lo esperaba en el patio.—Levanta la espada —decía con voz firme—. No pelees con fuerza, pelea con intención.El entrenamiento era brutal.El protagonista caía una y otra vez, con las manos temblando y el cuerpo cubierto de moretones. Pero se levantaba. Aprendió postura, ritmo, lectura del enemigo. No era un genio… pero estaba aprendiendo a no rendirse.Con el tiempo, Wilgen asintió en silencio.—Has mejorado.Felix se burlaba de él, pero lo curaba cada noche. Ricardo y Mimi, generales de Anastasia, también comenzaron a tratarlo como uno de los suyos. Incluso Crusch empezó a respetarlo.Fue entonces cuando ocurrió algo impensable.Un acuerdo diplomático.El protagonista cedió algunas minas del territorio de Roswal a cambio de apoyo político y militar. Con eso, selló una alianza entre Roswal, Crusch y Anastasia.El objetivo:La Ballena Blanca.La Ballena Blanca – El Monstruo de 500 AñosHace quinientos años, la Bruja de la Gula creó a la Ballena Blanca como una fuente infinita de alimento. Si alguien la mataba, habría carne para todos.Pero nadie pudo.La Ballena vagó por el mundo, devorando ejércitos, ciudades, recuerdos. Mató a miles… entre ellos, a Theresia van Astrea, la Santa de la Espada y esposa de Wilgen.Era colosal.Generaba una neblina que borraba la existencia.Podía crear copias de sí misma.Y aun así… para Regulos y la Gula, solo era una mascota.La Noche de la CaceríaA las 10 de la noche, el ejército se desplegó.Crusch lideraba a 100 soldados.Anastasia envió 200 más, junto a Ricardo y Mimi.Wilgen estaba al frente.Félix apoyaba en retaguardia.El protagonista… observaba el cielo, temblando.Entonces, apareció.La neblina cubrió todo.—¡Bengalas! —ordenó Crusch.El cielo se iluminó.La Ballena rugió.El combate duró toda la noche.Gritos. Explosiones. Sangre. Muerte.Wilgen saltó, espada en mano, y con un grito cargado de odio y dolor, cortó uno de los ojos de la Ballena. El monstruo rugió, herido.Usaron explosivos.El Gran Árbol de la Sabiduría cayó sobre la bestia.Al amanecer… la Ballena Blanca murió.Wilgen cayó de rodillas.—Theresia… —susurró.La victoria fue amarga. Muchos murieron.

Capitulo 9 Crusch agradeció al protagonista y, como recompensa, le permitió llevarse a Félix y Wilgen para eliminar a otro objetivo:El Culto de la Bruja.Rem se quedó con Crusch para cerrar tratados.El Arzobispo de la PerezaCerca del territorio de Roswal, el culto se movía.Allí apareció Julius.El mismo caballero que lo había humillado.Esta vez, no hubo rencor.Lucharon juntos.El protagonista podía ver las manos invisibles del Arzobispo de la Pereza.Julius invocó a sus espíritus menores, pequeñas luces de colores que giraban a su alrededor.—Corte espiritual —susurró.Petelgeuse fue derrotado.La mansión de Roswal se salvó.Ryo vivía.El protagonista y ella se reconciliaron.El carruaje avanzaba lentamente por el camino polvoriento hacia la capital. El viento levantaba pequeñas nubes de tierra, el sol iluminaba los árboles caídos y los sonidos de la naturaleza parecían amortiguados por el silencio tenso entre nosotros.Mientras observaba el horizonte, una frase escapó de mis labios sin que pudiera detenerla.—Creo… que siento algo por Rem.Ryo giró la cabeza, sus ojos enormes y llenos de confusión.—¿Quién es Rem? —preguntó con voz suave.El mundo pareció detenerse. El aire se volvió pesado, y un escalofrío recorrió mi espalda. No era miedo, sino una mezcla de anticipación y preocupación que no podía ignorar.Mientras tanto, en otro punto del reino, Rem viajaba con Crusch. La joven parecía tranquila, pero sus manos temblaban levemente sobre el borde del carruaje.—Creo que me gusta —susurró, casi para sí misma.Crusch sonrió, con la paciencia de quien ha visto crecer el corazón de alguien a lo largo de años.Entonces, el mundo cambió en un instante.El carruaje se detuvo bruscamente. Un hombre vestido completamente de blanco, con cabello níveo y mirada helada, bloqueaba el camino. No dijo nada. Solo respiró, y el aire mismo pareció congelarse a su alrededor.Los soldados reaccionaron de inmediato, lanzando flechas y cargando contra él. Pero antes de que sus armas pudieran siquiera rozarlo, fueron despedazados. Fragmentos de armadura, sangre y polvo volaron por el aire, y un silencio mortal cayó sobre el bosque.Crusch gritó y cargó con su magia. Hizo descender ráfagas de energía cortante, golpeando con precisión letal. Pero fue inútil. Antes de que pudiera reaccionar, su brazo fue arrancado con un solo movimiento limpio, dejándola gritar de dolor mientras caía al suelo.—¿Quién eres…? —preguntó con voz entrecortada, intentando incorporarse.—Modales —respondió el hombre con una calma aterradora—. Soy Regulos Corneas, Arzobispo de la Avaricia.Pero no estaba solo. Otro surgió de entre las sombras, con una risa que parecía tragarse la luz.—Nunca me lleno~ —dijo, extendiendo sus manos—. Roy Alphard, Arzobispo de la Gula.Rem se adelantó, sus ojos brillando con una intensidad demoníaca. Sus marcas comenzaron a recorrer su piel y un aura roja y negra se expandió a su alrededor. Su voz, cargada de determinación y furia, rompió el silencio.—¡Soy la sirvienta de mi amo Roswal… y protectora de mi único amor!La batalla estalló.Rem se movía como un torbellino, combinando fuerza física con magia oscura, esquivando los ataques de Roy y contraatacando con explosiones de energía pura. Su aura parecía cortar el aire mismo, y cada golpe hacía temblar el suelo bajo sus pies.Roy Alphard no era fácil: cada vez que Rem atacaba, él absorbía fragmentos de sus recuerdos, debilitándola lentamente y provocando que cada movimiento se volviera más pesado. Sus ojos brillaban con hambre mientras intentaba devorar los fragmentos de su mente.Regulos, mientras tanto, observaba con fría paciencia. Su aura de avaricia envolvía el bosque, distorsionando la percepción de Rem. Cada vez que ella intentaba moverse, la realidad parecía resistirse, haciéndola chocar con árboles o perder equilibrio.Pero Rem no cedió. Sus ojos se cerraron por un instante, y luego abrió las manos hacia el cielo, liberando un torrente de energía demoníaca. El aire explotó con fuerza, lanzando hojas y polvo por todos lados, derribando árboles y haciendo temblar la tierra. Cada golpe de Rem resonaba como un trueno, cada movimiento era un aviso de que no retrocedería.Sin embargo, los Arzobispos no eran enemigos comunes. Roy devoró parte de su fuerza, mientras Regulos la presionaba desde otro ángulo, obligándola a dividir su concentración. Su aura se fragmentó, pero aún así no se rindió. Cada golpe que daba estaba cargado de ira, amor y desesperación, una mezcla que parecía darle poder extra.Finalmente, después de un enfrentamiento que pareció eterno, Rem cayó al suelo, exhausta. Su respiración era irregular, su cuerpo marcado y su poder disminuido. La oscuridad de su modo oni comenzaba a desvanecerse.Roy Alphard se inclinó sobre ella con una sonrisa cruel, absorbiendo los últimos fragmentos de su memoria. Cada recuerdo arrancado la dejaba más cerca del olvido.—Tu fuerza es… impresionante —dijo Roy, sus ojos brillando con malicia—. Pero no suficiente.Regulos observó desde la distancia, impasible. Sus brazos cruzados, su aura apenas moviéndose.Crusch, a su lado, sobrevivía, pero sus recuerdos habían sido dañados, fragmentados y borrosos. Miraba a Rem con miedo y confusión, incapaz de comprender completamente la magnitud de lo que acababa de ocurrir.Rem quedó inconsciente. Su cuerpo yacía allí, pero su mente estaba atrapada en un limbo. Nadie la recordaría, nadie salvo uno…Cuando el protagonista lo supo, sus puños se cerraron hasta sangrar. La determinación le llenó los ojos, el dolor se convirtió en combustible.—La salvaré… cueste lo que cueste —susurró entre dientes, con un brillo ardiente que prometía que ningún poder en el mundo podría detenerlo.Y así, sin saberlo, dio su primer paso hacia un camino mucho más oscuro, un sendero marcado por la venganza, la magia prohibida y la voluntad de cambiar el destino a cualquier precio.