[Música] ¡Hola! Yo soy Rubén y esto es El parche de Odín, el podcast personal de un oftalmólogo entre los países nórdicos y España. Este es el episodio 270 y se titula "Coches, pantallas y médicos". A ver, ¿qué podemos esperar de un título como este? Es complicado unir un poco esos conceptos, ¿no? Bueno, pues ya sabemos cómo funciona la mente de casi todos nosotros: lo que hacemos es buscar y encontrar patrones, y encontramos paralelismos, metáforas y símiles en las cosas más peregrinas. Y es un poco lo que te voy a contar.
Estaba oyendo un podcast sobre el tema de los coches. Ahora no me acuerdo cuál. Creo que era un podcast en inglés, no seguía ese podcast... Era un episodio suelto de un podcast que no seguía. Ahora me acuerdo, porque me apunté la idea, pero no me apunté el origen del podcast. Sobre el tema de los coches, y de repente mi cabeza encontró un símil, hizo un paralelismo con mi tema, el de los médicos y la sanidad. Entonces voy a intentar plantearte ese símil, a ver si sirve o si es una idea de pelota mía. Pero, bueno, espero que se entienda.
El podcaster que estaba oyendo estaba haciendo una comparación de un aspecto concreto de los coches, y era en el interior. Estaba comparando el uso de pantallas, cada vez más creciente, contra los botones físicos para la mayoría de los controles, o todos los controles de los coches más antiguos de antes. Y entonces hacía un análisis crítico: que igual se estaba abusando del uso de las pantallas, y que está un poco reclamando que los botones físicos tienen su papel y, en algunos aspectos, todavía mantienen ciertas ventajas con respecto al uso de las pantallas.
Entonces, esta oposición entre pantallas o "todo pantalla" para el manejo del interior de los mandos del coche, versus los botones físicos —que es lo único que había antes y que ahora subsiste en mayor o menor medida, batallando un poco contra las pantallas— equivale a una guerra, a una oposición, a puntos de vista diferentes, a posturas enfrentadas. Algo que, aunque no tiene que ver con esto directamente, sí tiene que ver, como digo, con el sistema sanitario.
Queremos comparar el sistema médico tradicional, o los médicos en general, la atención médica presencial —donde tú, como paciente, visitas al médico y es él quien te asiste en todo, en todo lo que sea—, versus los sistemas sustitutos en los que existe atención sanitaria al margen, o saliéndonos de ese modelo tradicional de visita presencial con el médico. ¿Qué son estos sistemas sustitutos? Pues la teleasistencia y la telemedicina. Sobre la telemedicina he estado hablando recientemente en el episodio en el que hablo sobre modelos de liderazgo y también en el episodio de aventuras, cuando he estado hablando de la alternativa española.
Un sustituto del sistema tradicional es este tipo de teleasistencia, en la cual, en mayor o menor medida, el médico te puede estar atendiendo, pero no de forma presencial y síncrona, de tal forma que no te estás viendo cara a cara con él. Otra manera de sustituir el sistema tradicional de médico presencial en la consulta es que otros sanitarios están cogiendo o ocupando competencias o actividades que previamente hacían los médicos. O, por ejemplo, la aparición y la erupción de la inteligencia artificial, que puede hacer ciertas actividades que antes tenía que hacer una persona, concretamente un médico; y los sistemas de screening o de cribaje, que se salen fuera del modelo de "tú tienes un problema, pides cita y te atiende el médico por este problema que dices tú", sino que son sistemas de cribaje poblacionales. Todos estos sistemas, o todas estas formas, sustituyen el papel tradicional del médico presencial.
Bueno, ya hemos hecho el paralelismo: lo antiguo y lo moderno. Pantalla versus botones físicos, el rol del médico tradicional frente a lo nuevo, todo este abanico de formas de sustituir o cambiar la forma tradicional de atención médica. Ambas alternativas novedosas, en un sistema sanitario o en un coche, se venden como si lo nuevo fuera lo mejor. En el coche, la pantalla es lo más moderno y te están vendiendo lujo. En el sistema sanitario, lo mismo: te están vendiendo que estos nuevos sistemas son más personalizados, más accesibles... Pero mi conclusión es que ambos proveedores, es decir, los que están ofreciéndote lo nuevo —los fabricantes de coches o el proveedor sanitario, sea público o privado—, lo que te están ofreciendo no es para mejorarte la calidad del producto o del servicio, sino para ahorrarse dinero. Y esto es importante que lo intentemos.
Eso no quiere decir que lo nuevo sea malo y lo antiguo sea bueno. No, no es tan sencillo. De hecho, el cambio es útil en muchas ocasiones. Volviendo al ejemplo del coche: evidentemente, las pantallas son buenas en muchas circunstancias. Pues para la radio, la música... Para eso es mucho mejor y más cómodo tener una pantalla, lógicamente. O, por ejemplo, el sistema de navegación GPS solo es posible si tienes una pantalla, con lo cual eso, por supuesto, está bien. Ahora bien, esto es óptimo para manipular cosas no esenciales, es decir, que lo maneje el copiloto, o si el copiloto tiene que manejar o manipular las pantallas, que lo haga con el coche en parado. Para esto funciona perfectamente bien.
¿Cuándo es excesivo? Bueno, para mandos esenciales, para la conducción y para cosas elementales. Por ejemplo, para cambiar la temperatura. Si tú quieres subir o bajar el aire acondicionado o la calefacción del coche, eso probablemente lo tendrás que hacer también cuando estás conduciendo y puede que lo necesite hacer el conductor. Y como eso, por supuesto, poner las luces de emergencia, o incluso apagar la radio porque te molesta, lo que sea. Incluso coger el teléfono con las manos libres. Hay ciertas acciones que funcionan mucho mejor con botones físicos. Si no hay botones físicos y hay que ir a una pantalla, se utiliza lo que se llama memoria muscular, que realmente es una memoria espacial, y te tienes que distraer porque tienes que mirar la pantalla e interactuar con ella, lo cual es peor.
Y como decía antes, te están vendiendo lujo cuando se ahorran muchísimo dinero. Piensas que la pantalla es una cosa más, pero para ellos una pantalla es muy barata. Simplemente luego hay un software y tienen que conectar un cable y ya está. Mientras que para los botones físicos hay mucha ingeniería detrás y es mucho más caro. Entonces, el arte y la magia del marketing es que te están vendiendo lujo, y resulta que en ese coche mucho más moderno y caro, para cuando estás conduciendo, bajar unos dos grados la temperatura, o apagar la radio, o incluso encender las luces de emergencia —que eso, de repente, si te encuentras un atasco, tiene que ser una cosa instantánea y no puedes perder la mirada de la carretera—, resulta que tienes que trastear en una pantalla. Y ya se ahorran muchos cientos de euros, la calidad de ese producto es peor, y encima te lo crees, te lo comes, asumes esa pérdida de calidad y te parece bien por la magia del marketing.
Con eso, ya digo, no estoy diciendo que haya que quitar las pantallas; las pantallas son para lo que son, y habrá que encontrar el equilibrio correcto entre la pantalla de información, el GPS y todo eso, y los botones físicos para lo importante. De tal manera que los controles esenciales sean muy fáciles de manejar con sistemas, botones y mandos físicos, y luego esté la pantalla para información adicional y otro tipo de cosas accesorias. Al final, hay que encontrar ese equilibrio que a veces no es tan fácil de encontrar.
Y esto lo podemos igualar, o hacer una analogía, con el uso excesivo de la sustitución del rol del médico tradicional. Y aquí el sistema, vamos a llamar de marketing, muchas veces institucional, de los sistemas sanitarios públicos, muchas veces, está vendiendo como mayor accesibilidad y todo esto fantástico el hecho de que tú tengas peor acceso al médico. Y, como digo, en sí mismo no es malo. Si lo haces en su justa medida, como en las pantallas, es bueno. Es cierto que hay que optimizar las cosas y no para todo contacto con el sistema sanitario tiene que haber un médico. Efectivamente, no. Y hay que modernizarse; no hace falta que nuestro sistema sanitario funcione como hace 30, 40 o 50 años. No. Pero cogen carrerilla, empiezan a sacar al médico de la ecuación, se ven que se ahorran muchísimo gasto y no paran. No paran.
Y al final, cuando pierdes el contacto con el médico, tiene consecuencias indeseadas, además de no previstas. Porque muchas veces la visita con el médico se sale de lo que se planea. Tú visitas al médico por una revisión general o vienes por un motivo traumático. Además, ese es tu médico. Y aprovechando que estás ahí, revisas otra cosa. "Oye, no hemos visto esto, no hemos visto esto, otro... Hay que hacer esto...". Entonces, aprovechando que tanto el paciente puede aprovechar una visita por un motivo para contar otro que, de por sí, igual no lo hubiera contado, como el médico, por repasar su historia: "Si has venido para que te dé un alta o una baja por otro motivo". Pero es que, mirando en tu historia: "Oye, que no te has hecho esto, que no te has hecho esto, otro, que no sé qué". Y entonces salen otros motivos.
El hecho de contactar con el médico es una oportunidad con una persona que te conoce, que abre tu historial y que es el experto en salud, porque no hay otro profesional sanitario que sepa más de salud que el médico. Estoy ahora poniendo el ejemplo del médico de familia, pero pasa lo mismo con las diferentes especialidades. Yo me acuerdo, en Suecia —ya lo he contado varias veces—, el contacto con el médico se minimiza, el acceso al médico es relativamente difícil y existen un montón de pruebas y cosas que te hacen otras categorías profesionales, y el médico las revisa en plan telemedicina, pero sin contacto directo con el paciente. Y el hecho de perder esa conversación directa con el paciente, si le estás siguiendo, su problema es de azúcar, de diabetes, en el ojo o la tensión alta del ojo, sí. Pero además hay otro contacto diferente: de paso, le revisas la catarata, te explica problemas visuales que igual no le dan mucha importancia, pero, ya que está con el médico, lo ve. Y, bueno, tú estás ahí para comprobar la tensión, pero si el paciente te refiere a ciertas dificultades, le estás haciendo una revisión general y le puedes encontrar... "Ahí va, resulta que tienes una catarata", o, en fin.
La oportunidad de tener acceso y contacto con el médico te posibilita actuaciones de salud y oportunidades de mejorar tu salud o prevenir problemas futuros que ni siquiera se te ocurren, que no están planificados de antemano. Y es lo que tiene cuando hay un experto en salud en el campo que te dedica realmente, en persona, tiempo para ti, que está al 100 % enfocado en vigilar tu salud, solucionar tus problemas, escucharte, etcétera. Y sí, al final, si por tu problema crónico hace falta hacerte visitas para tomarte la tensión del ojo, la tensión arterial o hacerte ciertas medidas, igual no se puede hacer que siempre te vea un médico. Y se pueden ir alternando consultas con el médico con consultas con enfermeras, optometristas, etc., para realizar esa prueba concreta. Sí. Es más eficiente así que lo que ocurría hace años. Sí. Pero pues ni tanto como ocurre en España. Ocurría hace unos años, ni tan calvo, yendo al otro extremo, donde se hace en algunos lugares de Suecia, que lo he vivido en persona: no ven al médico, no ven al oftalmólogo, ni en pintura. Pasan años donde están viendo enfermeras, están viendo optometristas, pero pasan 5 años, pasan 7, pasan 10 años, y la comunicación con el médico es por carta y de forma muy indirecta, pero no te ve ni te explora el médico en persona. Entonces, ni una cosa ni otra.
Y es que, al final, y esto es una cosa que parece que van tendiendo los servicios sanitarios, no solo en Suecia, sino en global, España también a su ritmo, pero va hacia ese camino, es que se está convirtiendo en un lujo el acceder al médico, y encima nos lo venden como algo bueno. Y sí, efectivamente, está el envejecimiento de la población, no faltan médicos en España, pero faltarán. Ya el chollo en España de que los médicos estaban maltratados puede que tarde o temprano se acabe, o parece que los médicos ya no están por labor de tragar por lo que tragaban o tragábamos antes. Hay un problema ahí que hay que resolverlo. Eso estoy de acuerdo. Pero si nos venden que el hecho de ir sacando al médico del sistema sanitario es algo bueno, y no intentamos reclamar que hay una pérdida de calidad —hay una pérdida de calidad claramente—, y no intentamos luchar por la calidad de atención, lógicamente van a intentar, con la excusa de optimizar, lo que hacen es recortar calidad.
Como decía antes, es muy fácil quitar todos los botones del cuadro de mandos del coche, te pone a pantalla y a correr. Ahí va, que te resulta superdifícil encontrar las cosas. Pues nada, es tu problema. Entonces hay que encontrar el equilibrio, pero el equilibrio no lo tiene que decidir ni la empresa ni el fabricante de coches, que, si es por él, cero botones físicos, eso es una pantalla. Sino que sea una cosa de encontrar una solución de compromiso, en la cual, efectivamente, proveer de servicios y proveer de médicos que den una atención de calidad es más caro para el sistema sanitario, y sobre todo porque igual los médicos no tragan con las condiciones que tragaban hace unos años. Y eso, los sistemas sanitarios no quieren negociar con los médicos ni quieren que sus guardias coticen, etc.
Bueno, lo de las huelgas de los médicos, lo del Estatuto Marco. Supongo que los que veis las noticias de España o estáis al día entendéis a lo que me refiero. No he dedicado un episodio al Estatuto Marco y a las huelgas médicas recientes o actuales que hay en España, pero bueno, ya entendéis a lo que me refiero. Y bueno, la comparación o el símil que he hecho hoy yo creo que es interesante. Y por eso estoy diciendo que mucho de lo nuevo, de lo evolucionado, está bien. O sea, tener pantallas en los coches ofrece sistemas y avances. Es un avance tecnológico y eso es evidente. Pero no vamos a abusar de ello. Cuando ese avance tecnológico resulta barato para el proveedor, el fabricante de coches, pero en el proveedor sanitario hay que tener mucho cuidado, porque nos están vendiendo, nos pueden llegar a vender un exceso de uso de lo nuevo a costa de perder calidad. Eso pasa con los coches, que puede ser más o menos importante, pero está pasando con el sistema sanitario.
Nosotros, como clientes, como usuarios, como pacientes, tenemos que tener en cuenta eso: que todo lo que nos están vendiendo de bonito, de "fíjate, ahora te estamos proveyendo estos servicios, como están sacando al médico de la ecuación, le resulta mucho más barato", a ver si no nos están vendiendo pérdida de calidad. Y tenemos que evitarlo, tenemos que luchar contra esa pérdida de calidad. O esa, al menos, es mi opinión. ¿Y tú qué opinas? Estaría encantado de oír tus opiniones. Muchas gracias por el tiempo que me has dedicado al escucharme. Tienes los métodos para contactar conmigo en las notas del programa. Nos oímos la próxima semana. ¡Hasta el próximo episodio!