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Hola, yo soy Rubén y esto es El parche de Din, el podcast personal de un oftalmólogo entre Suecia y España. Este es el episodio 279, y se titula «El estatus en nuestra cultura». Quiero hablar un poquito sobre el estatus, que no es exactamente el mismo que la reputación o el prestigio, aunque son conceptos similares. En este caso, el estatus es la posición en la cual tú te vas colocando, más o menos, en un grupo, sea el grupo más pequeño o más grande. Y el estatus, como tal, el conseguir o tener un cierto tipo de estatus y también la propia búsqueda de estatus, es un elemento y un factor importante que nos afecta mucho en nuestra vida, en nuestro día a día.

Y, a pesar de que el estatus no se puede contar, de que no hay un rango exacto ni una tabla donde se escriba nuestro estatus, a pesar de ser una cosa más o menos abstracta, subjetiva, una consideración que puedes tener y que puede diferir entre lo que tú opinas y lo que opinan los demás sobre tu propio estatus o el de terceras personas, sigue siendo un elemento muy importante. Además, hay que tener en cuenta que, a diferencia de otras cosas, de otros valores que vamos a decir positivos o de otros valores que buscamos, el estatus es un juego de suma cero.

Si, por ejemplo, consideramos valores positivos que tenemos que buscar o que todos buscamos, como la felicidad, la felicidad, a priori, no es un parámetro de suma cero. El que tú seas muy feliz no le está restando felicidad a los de tu entorno. Sin embargo, el estatus es un juego de suma cero. Significa compararnos entre nosotros, aunque sean grupos grandes. Y hay que tener en cuenta que puedes tener diferentes estatus en diferentes contextos y grupos. Pero obviaremos estos problemas: que el estatus es algo bastante subjetivo y difícil de medir, y que hay diferentes estatus. Vamos a obviar eso y vamos a afrontar, vamos a valorar el concepto de estatus en nuestra cultura.

Y aquí viene uno de los problemas de lo que vamos a hablar hoy, que es nuestra cultura. Bueno, tenemos un problema grave a la hora de hacer consideraciones porque se tiende a simplificar o sobresimplificar. Y esta es una parte de estas sobresimplificaciones. El problema que tenemos es la globalización y la hegemonía de las últimas décadas, casi el último siglo, de la cultura estadounidense en particular y la anglosajona, protestante en general.

Y se igualan o se asimilan que los valores occidentales europeos, la cultura occidental europea, sus valores y lo que da estatus dentro de esta cultura occidental o europea, y los países cuya tradición y cultura derivan de los europeos: toda América, no solo América del Norte, todo el continente americano, más Australia. Todos estos son países occidentales y herederos de la cultura europea. Bueno, pues todo se está sobresimplificando y se asimila la cultura europea o la cultura occidental con la cultura anglosajona y protestante.

Y no olvidéis que este concepto de cultura occidental o cultura europea, o que viene originalmente de Europa, realmente no es un concepto monolítico, sino una agrupación a veces problemática de unificar o agrupar una serie de tradiciones que en un momento dado pueden ser distintas entre sí. Y como esto es muy amplio y tenemos que seguir sobresimplificando, podemos separar esta tradición más anglosajona de la parte sur de Europa más católica, al contrario que la parte protestante.

Aquí estoy haciendo mención a estas religiones, pero solo por la tradición y por la influencia secular que han tenido las religiones luego en la cultura secular. Y al revés, la cultura secular también ha ido matizando las religiones. O sea, que si la Reforma tuvo lugar en el centro y en el norte de Europa y no en el sur de Europa, significa, en parte, que las formas de ser y las culturas han ido también moldeando la propia religión. Pero como decía, en la parte sur de Europa, más católica, si la queremos ver así, cerca del Mediterráneo, estos países europeos del sur están más aferrados a los valores clásicos de la cultura grecolatina.

Eso no quiere decir que la tradición más anglosajona no haya tenido influencia. ¿Esta tradición grecolatina? Claro que sí. Pero ha seguido más vigente en los países del sur. Bueno, y todo esto de intentar explicar que la cultura o la tradición occidental-europea es más variada, ¿qué tiene que ver con lo que he dicho del estatus? Bueno, veremos que es importante, porque cuando hablamos de búsqueda de estatus, ¿a qué concedemos estatus? ¿en los países o en las culturas occidentales? ¿y marcamos la diferencia con países colectivistas, de tradición colectivista más asiática, de Asia del Pacífico? ¿o queremos separarnos o ver las diferencias con los países de Oriente Medio? No podemos sobresimplificar y pensar «occidental es igual a anglosajón». No, es diferente.

De todas formas, ahora es un buen momento para hablar de por qué nosotros, los seres humanos, de todo tipo de cultura, buscamos estatus. Y es que no es un constructo social, no es un valor cultural como tal. No buscamos estatus solo porque nos enseñen a hacerlo. A nivel educativo, a nivel cultural, a nivel de presión social, nos obligan o nos vemos impelidos por nuestro entorno a buscar estatus. Esto también es cierto, lógicamente, pero hay una cosa más importante, y es que tenemos esa tendencia natural, todos los seres humanos, a buscar estatus. ¿Y por qué lo hacemos? Bueno, como siempre, en este contexto genético hay una explicación evolutiva.

De esto ya hemos hablado en este podcast, en un episodio en el que estuve hablando de las hormonas masculinas. Dejaré un enlace en las notas del programa. Estuve hablando de que la testosterona y las hormonas masculinas, más que impelirnos a la violencia y a la agresividad, como se suele creer o se dice un poco a nivel popular, como expliqué en este episodio, no es así. Es más complejo que todo esto. Solo te impulsa hacia la agresividad o conductas violentas si el contexto lo dice así.

Y que una regla más general es que la testosterona, las hormonas masculinas, impulsan en general a los hombres hacia el estatus. Sea lo que sea, eso es estatus. Y efectivamente, la búsqueda de estatus, en el caso de los hombres, tiene un matiz de competencia intrasexual. Para buscar el éxito reproductivo, un hombre busca estatus para conseguir parejas, atraer a las mujeres, etcétera. Pero esta explicación que le damos varias veces, no solo con este tipo de competencia intrasexual, sino en general hablando de la conducta de los seres humanos cuando proviene de la selección genética de rasgos de conducta, puede llegar a malinterpretarse. Es decir, la búsqueda de estatus, en este caso de los hombres, no la hacen conscientemente para buscar pareja, o no tienen por qué hacerlo. Es una consecuencia ciega que ahora explicaré. Pero hay que tener en cuenta que sí, que aunque esta búsqueda de estatus puede ser algo más intensa, estadísticamente o como tendencia puede haber más impulso, más necesidad o más querencia por parte de los hombres en comparación con las mujeres, es solo por este matiz de competencia intrasexual. Pero realmente, mirando en global, la búsqueda de estatus es inherente tanto en hombres como en mujeres. Ambos sexos buscamos estatus. Y es que, al margen de competencias intrasexuales, es decir, competir con otros individuos del mismo género, que parece ser que para el estatus y en este contexto concreto es más fuerte en hombres, realmente conseguir estatus para hombres y mujeres te convierte a ti, como individuo, en un buen cooperador. Y ese estatus te garantiza que el grupo no te deje de lado. Y esto es importante. Hay que entender que la mayor parte de nuestra vida, nuestra existencia como especie, como seres humanos, como Homo sapiens, ha sucedido en el paleolítico. Por lo tanto, nuestras herramientas genéticas, nuestra conducta, nuestras tendencias vienen de aquellos comportamientos que nos daban éxito de supervivencia y éxito reproductivo durante el paleolítico, cuando nos organizamos en pequeños grupos donde era difícil sobrevivir, conseguir refugio, conseguir comida y alimento y sobrevivir. En este contexto, si el grupo te dejaba de lado y dejabas de pertenecer a un grupo, significaba automáticamente la muerte. Por lo tanto, como individuo, era muy importante, más importante que incluso otros factores, encajar en el grupo, señalarte a ti mismo como buen cooperador, como cooperador fiable dentro del grupo.

Además, si creces aún más el estatus, no solo no tienes un estatus tan bajo que te echan del grupo, sino que, además de no solo tener un estatus medio dentro del grupo, si tienes un estatus más alto, tienes cierto poder dentro del grupo y eso te permite más acceso a recursos, recursos como comida, acceso para reproducirte, etc. Y esto, buscar el estatus dentro del grupo, funciona en hombres y mujeres por igual. Pero como decíamos antes, estas explicaciones de «busco estatus para algo» podemos entenderlas y justificarlas en el ser humano antiguo del paleolítico, como acabo de explicar, pero ahora podríamos rechazarlas, a día de hoy, estas explicaciones evolutivas antiguas en nuestro comportamiento de hoy en día.

Pensando, si queremos volver al ejemplo del hombre, tú, como hombre, no estás haciendo una serie de cosas ni te comportas de esta manera para impresionar a las mujeres. Te comportas de esa manera por X motivos, pero no estás pensando en impresionar a ninguna mujer. Y, efectivamente, es así. No haces las cosas por algo; no hay una intención teleológica o dirigida directamente cuando tienes un comportamiento. La genética de la conducta no funciona así. Tú haces las cosas cuando tienes esa tendencia genética, no la haces para algo de forma consciente, sino que esa es una tendencia natural, arbitraria, si lo vemos así, de buscar estatus de diferentes maneras, de destacar, de liderar o de esforzarte y que la gente sepa que te esfuerzas en ser honesto, dominante o cuidador.

Depende de lo que la cultura se marque o diga que es tener buen estatus. Y lo haces porque te sientes bien haciendo eso, porque te gusta, porque está en tu naturaleza, sin buscar nada en concreto. Y funciona así. Simplemente, este tipo de conducta espontánea de buscar estatus ha sido seleccionada genéticamente desde hace mucho tiempo porque este tipo de conductas, cuando obtienes mayor estatus, sin que tú lo busques voluntariamente y activamente, implica que vas a tener... O nuestros ancestros tenían más éxito de supervivencia y reproductivo.

A esto me refería con que hay una búsqueda ciega de estatus. Ni tú lo estás buscando por ese motivo, o lo puedes hacer, pero en principio no tiene por qué existir, no es necesario para que esto se dé, ni tampoco hay un ente, un diseñador, que observe y haga una selección voluntaria. Es la propia naturaleza la que, de forma ciega, está seleccionando estos comportamientos. Vale, una vez aclarado por qué estamos buscando el estatus, las causas biológicas y genéticas de por qué buscamos el estatus, volvamos al principio.

En la cultura occidental, ¿qué es lo que significa obtener estatus? El concepto social más amplio, no en grupos pequeños, que también, sino en un concepto más amplio. Como decimos, en Occidente no estamos buscando estatus, no consideramos conductas dignas de mejorar el estatus exactamente lo mismo. Concretamente, en la cultura anglosajona se asocia bastante el estatus a la riqueza. Obtener riqueza en forma de dinero, propiedades, incluso ostentación, es válido para hombres y mujeres, y también es cierto que eso ha matizado, esa búsqueda de estatus también ha matizado una serie de roles tradicionales en los cuales el macho provee a la hembra.

En este contexto, en esta cultura anglosajona, que el hombre provea de estabilidad económica a su posible mujer es una señal de estatus. Por supuesto, esto de conseguir riqueza, estabilidad económica, incluso esta forma tradicional del hombre proveer de ese tipo de riqueza, también existe en el sur de Europa, por supuesto. Pero influye, en mayor medida, otros elementos, unos elementos que vienen de la cultura grecolatina, que en un momento dado cristalizaron también en el concepto de derecho romano, esa forma de pensar en el Estado, en la República, aunque luego después pasó a ser un imperio, pero los romanos seguían pensando en la República en el sentido del Senado, de que el pueblo tenía su voz...

Aunque, bueno, en el pueblo los plebeyos no, los patricios, pero bueno, el hecho de que tú te tienes que comportar como una buena persona, que todo el mundo tiene unos derechos básicos de independencia, de libertad, que los garantiza el derecho, vamos a llamarlo romano, en nuestra sociedad. Y esto viene del mundo griego, previamente. Y estas raíces griegas que consideraban al individuo como persona libre, lo de siempre. También había esclavos, el rol de la mujer era inferior al del hombre... Todo esto con matices. Pero la raíz estaba ahí. Y también se aplicaba a grupos. Viene de ese concepto griego de «ciudades-estado», en los cuales tu grupo tenía que ser independiente de otro grupo y no tienes que quedar sometido. Y el hecho de que otro grupo más grande te someta con el uso de la fuerza de las armas se consideraba malo e injusto de por sí. Pero esto es un concepto griego, que luego lo hicieron los romanos y luego el resto de la cultura europea, que no se compartía con otras culturas que existían en ese entorno, en otros imperios y civilizaciones de ese entorno de Oriente Medio, porque ahí es un poco el nacimiento de nuestra cultura. Egipto, Mesopotamia, Siria, Grecia, toda esa zona cercana al Mediterráneo y al Oriente Medio, que es la raíz de toda la civilización. Bueno, pues muchos de estos pueblos consideraban que era justo y que estaba bien, o lo aceptaban sus propios dioses, el hecho de que una civilización más fuerte dominara y oprimiera a otra civilización más débil. Y fueron los griegos los que primeramente se opusieron y tenían otra forma de pensar, en la cual cada pueblo, cada civilización y cada persona tiene unos derechos intrínsecos. Bueno, pues a partir de todo esto, de estos principios griegos y romanos, ha cristalizado hasta nosotros una serie de principios éticos y morales y una serie de comportamientos. Y la tradición y la historia de estas sociedades, que son herederas históricas más directas de esta tradición (hablamos de los dos países del sur de Europa), conceden reputación, prestigio y estatus al que respeta y al que sigue estos principios. Eso no quiere decir que al conseguir riqueza no te pueda dar estatus, pero en algunos contextos el ser buena persona, respetar unos principios éticos, te puede dar igual o más estatus que el hecho de que tú tengas más dinero y más propiedades. Y esto existe en general en todo el occidente, pero es mucho más llamativo en estos países del sur de Europa que en los países anglosajones.

Esta forma de conseguir estatus en base a una serie de principios morales de libertad y respeto al individuo también encaja con una serie de tendencias evolutivas. Si queremos volver a la competencia intrasexual entre hombres para conseguir acceder a mujeres, realmente este tipo de comportamiento es una señal útil para las mujeres porque ven a ese hombre como confiable. Si tienes esos principios éticos y morales, te está diciendo que no te va a engañar, que no te va a abandonar. Pero no solo funciona en esta competencia intersexual entre hombres y mujeres, entre hombres entre sí, para obtener mujeres, sino que funciona en hombres y mujeres por igual, porque esta señal de confiabilidad, aunque pueda tener un matiz un poquito más intenso en hombres, realmente funciona también en ambos sexos de cara al grupo.