Después del Ruido no nació de un gran plan. Nació de conversaciones.
De esas conversaciones entre amigas que empiezan hablando de cualquier cosa y terminan tocando las preguntas más profundas de la vida.
Durante mucho tiempo sentimos el deseo de encontrar un espacio donde pudiéramos hablar de Dios de una forma más honesta. Un espacio donde hubiera lugar para las preguntas, para las dudas, para las luchas cotidianas y también para las alegrías que forman parte de la vida.

Amamos la Biblia y creemos profundamente en el valor de conocer a Dios a través de ella. Pero también hemos visto cómo muchas veces la fe puede sentirse pesada, complicada o incluso solitaria. Con frecuencia parece que todos tienen las respuestas, que todos saben exactamente qué hacer o que la vida cristiana debería verse perfecta. Sin embargo, nuestra experiencia ha sido diferente. Hemos aprendido que crecer en la fe muchas veces se parece más a caminar que a llegar. Se parece más a aprender que a saber. Más a confiar que a tener todo resuelto.
Y fue precisamente en medio de esas conversaciones donde comenzó a surgir una pregunta:
¿Y si creáramos el espacio que nos hubiera gustado encontrar?
Un lugar donde las mujeres pudieran acercarse a Dios sin presión. Donde la Biblia fuera una invitación y no una obligación. Donde la comunidad se construyera desde la honestidad y no desde la apariencia. Donde pudiéramos llegar tal como somos. Así nació Después del Ruido.
Un espacio para hacer una pausa en medio de tantas voces, expectativas y distracciones. Un espacio para abrir la Biblia juntas, conversar, escuchar, aprender y recordar que ninguna de nosotras está caminando sola. No somos expertas. No tenemos todas las respuestas. Somos simplemente dos mujeres que aman a Dios y que desean caminar junto a otras mujeres mientras seguimos aprendiendo quién es Él y quiénes somos en Él.
Gracias por estar aquí. Nos emociona compartir este camino contigo. 🤍